Viajes

Anécdotas viajeras: 10 blogueros y viajeros cuentan sus anécdotas más peculiares

By on 2 septiembre, 2017

Hay algo que mola mucho de los viajes: las anécdotas que te suceden mientras viajas. Estas situaciones algo peculiares tienen la capacidad de convertirse en auténticos relatos, con su conflicto, nudo y desenlace -y con nosotros como protagonistas, claro.

Algunas de estas historias son para partirse de risa; otras, sirven más bien para reflexionar sobre la miseria humana. Aun así, yo quisiera creer que la mayoría de las anécdotas que se dan en los viajes, son cuentos rocambolescos o relatos surrealistas que nos dejan un buen sabor de boca cuando han terminado, o que al menos nos sirven para aprender algo, por pequeña que sea la lección.

Aquí traigo una colección de diez anécdotas de blogueros y viajeros, que han relatado algo interesante o peculiar que les pasó durante un viaje. Hay un poco de todo: desde anécdotas más habituales en los viajes, como pueden ser los problemas con el transporte o los timos, hasta ayudar a evitar un suicidio en plena calle o encontrarse con un golpe de estado.

Espero que estas anécdotas te arranquen una sonrisilla -¡o no!- y que te ayuden a recordar los momentos sorprendentes que has vivido en tus viajes. Si tienes algún relato viajero que quieras aportar, ¡cuéntanoslo en los comentarios! 

Y para terminar, ¡muchísimas gracias a todos los que habéis participado en este post! Me ha encantado leer vuestras anécdotas, aunque alguna que otra no ha sido tan divertida… De todas formas, ¡a seguir viajando!

 

Para mí, el retiro de meditación y un golpe de estado de postre, por favor

Bosco Soler, Tailandia

“Estaba en Chiang Mai, una ciudad al norte de Tailandia y la que fue la parada más larga en lo que sería mi viaje de 9 meses alrededor de Asia y Oceanía. Decidí que ese era un buen momento para hacer un retiro de meditación de 10 días en uno de los muchos templos budistas de la zona.

El día de mi entrada en el templo tuve que guardar toda mi tecnología (portátil y smartphone) en una taquilla y no podría acceder a ella ni comunicarme con el exterior hasta pasados los 10 días. La experiencia fue genial (aquí puedes leer mi resumen), pero nunca me imaginaría lo que me encontré al salir: En Tailandia se había producido un golpe de estado y el ejército había tomado las calles.

Cuando encendí el móvil tenía docenas de llamadas perdidas y mensajes de mi familia y amigos, preocupados porque no sabían nada de mí. Mientras, en la TV española, el gobierno recomendaba no viajar a Tailandia y aparecían imágenes de tanques paseando por las avenidas de la capital.

Ir a un templo budista a meditar y a aislarte del mundo y encontrarte un golpe de estado al salir. ¡Vaya choque de realidad!

Bosco Soler es diseñador, emprendedor online y nómada digital, y el creador de Lanzzame, un curso online de marca personal. En su blog escribe sobre marca personal, emprendimiento y viajes, entre otros temas, y es uno de esos blogueros que envía newsletters interesantes de verdad.

 

Encuentro inesperado en Batu Caves

Diana Garcés, Malasia

Conocer personas cuando viajas es muy común y de hecho de las mejores cosas. Sin embargo, al no saber el idioma y el que seas de una cultura diferente, puede hacer que la experiencia sea complicada.

Les voy a compartir una de mis experiencias conociendo a una persona que marcó un antes y un después en nuestro viaje por el sudeste asiático.

Esto ocurrió cuando estaba en Kuala Lumpur, con mi ex pareja, en el templo de  Batu Caves. Mientras él se ponía a ver el templo y hacer un ritual para meditar, yo me senté a escribir y tomar fotos.

Estando en esas, se me acercó un señor hindú y me empezó a preguntar que quiénes éramos, y sobre lo que mi pareja estaba haciendo. Al principio pensé que era uno de los “sacerdotes”, porque estaba todo de blanco y se veía muy serio.

Con el inglés básico que manejo, terminé respondiendo a sus preguntas. Se sentó conmigo y hablamos un buen rato, mientras mi ex se la pasó todo ese tiempo en lo suyo y ni cuenta se daba.

Cuando al fin vino donde estábamos, yo ya tenía un amigo nuevo con el que nos fuimos a tomar algo y nos habló de su religión, de sus dioses y sus cosas.

Días después, nos encontramos de nuevo para comer, nos presentó su familia, nos llevó de turismo a Malacca y además nos presentó la hospitalidad de las iglesias hindúes y sus rituales. Fue genial y una experiencia fabulosa.

Gracias a Mani, que así se llamaba, descubrimos mucho de la cultura hindú, y aún hoy seguimos en contacto en Facebook.

Personalmente, estoy muy agradecida por las experiencias, las risas, las charlas y el que nos haya abierto las puertas de su casa, su familia y su cultura, a nosotros que tantas preguntas teníamos en ese momento sobre esos temas, y que no estábamos interesados en convertirnos, ni nada por el estilo.

Eso es lo que tiene los viajes y el estar abierta a nuevas experiencias.

Diana Garcés es una nómada digital con muchos años de experiencia como bloguera. Diana es la creadora de Hablando de sexo, blog dedicado a mujeres que quieren aceptar y conocer mejor su sexualidad, además del blog Traviajar, sobre cómo viajar y trabajar al mismo tiempo.

 

Se busca abuelo perdido en Barajas

Jose Mari Morcillo, España

¿Estás buscando a un señor mayor con boina y bastón?

¡Sí! ¿Ha visto usted por dónde se fue?

Ha entrado por aquella puerta, me he fijado porque os he visto antes juntos, y me habéis parecido una pareja curiosa, y…

¡Vale, gracias, adiós!

PROHIBIDO EL PASO

Entré a toda leche pasando por debajo del cartel y sin mirar atrás, esperando ver a mi abuelo antes de que ningún empleado del aeropuerto de Barajas me viese a mí ignorando el cartelito.

Mi abuelo, amigo y compañero de viaje, a sus 92 años y con pinta de producto artesanal típico de pueblo, parecía haber desarrollado la habilidad de un ninja (pero en despacito) para colarse con mucha facilidad y sin levantar ningún tipo de sospechas en muchos lugares que, para mí, un jovenzuelo de 24 años vestido todo de negro y con los pelos en punta, podía resultar una misión imposible.

Ahí estaba. La nariz contra la cristalera que daba a una pista de despegue, y la boca abierta empañando el cristal. “Sigue vivo”, pensé, con ese humor negro muy de los dos.

Estaba viendo despegar aviones, sorprendiéndose con la velocidad y la inclinación que tomaban una vez en el aire. Era su primer viaje en avión, y ese ventanal le mostró la magnitud y transcendencia de tan increíble medio de transporte.

Estábamos ya embarcados y esperando a salir disparados por los aires como un cohete, cuando me preguntó por lo gestos de la azafata.

Está explicando que tenemos qué hacer si el avión se cae.

Pues atiende tú, que a mí no me hace falta saber nada más”, dijo divertido, mientras yo pensaba qué tipo de movimiento ninja se traería entre manos.

Jose Mari Morcillo (“Morkots”es animador, ilustrador y tatuador. Aunque a él no le gustan las etiquetas moñas, yo le definiría como artista. Ha trabajado en muchas series y películas de animación, entre ellas -atención, gente de infancia noventera- en Los Fruitis.

 

Mucha gasolina para tan poca barca

Juancar y Rosalía, Guinea Bissau

7:00 am, Rosalía y yo esperamos en el embarcadero de Bubaque (Guinea Bissau) a Samuel, el pescador que (por 15 euros) prometió llevarnos en su barca a una isla vecina, Canhabaque. 8:40, la marea baja demasiado y los bancos de arena y las corrientes entre islas empiezan a preocuparme.

Cuando aparezco en su casa, Samuel ni se inmuta. Sorprendido me dice que todavía hay que comprar la gasolina. Ando unos 2 km para conseguirla.

Son ya las 10:30 cuando salimos en su “barca”. Nosotros lo vemos más bien un triste tronco hueco de unos 3 m de largo por 60 cm de ancho. El agua prácticamente enrasa la embarcación con nuestro peso.

Teóricamente, tras 45 minutos andaríamos por la playa virgen de Canhabaque. Pero a escasos 20 minutos de partir, el motor comienza a hacer cosas raras. Huele a aceite requemado y, por supuesto, se para. Ups… La fuerte corriente entre las dos islas nos desplaza como a una simple cáscara de pipa. Comienzan las olas.

Los bruscos tirones del pescador intentando reavivar el motor hacen que el agua rebose los laterales de nuestro tronco vaciado. Hay grietas y el agua ya nos llega a los tobillos, por lo que me afano a sacarla usando una garrafa vieja con mil agujeros. Rosalía ni pestañea.

Tras media hora, Samuel desiste. “Falta aceite”, son sus palabras. Los 20 minutos de la ida se convierten en más de 45 volviendo a remo. Samuel añade un chupito de aceite al motor, y de nuevo emprendemos la marcha. A los 15 minutos, la barca se vuelve a parar. Más olas y bancos de arena. Cambiamos de plan: iremos solo a la isla de enfrente, Rubane.

Al tocar tierra, Samuel, orgulloso tras un servicio lamentable, no tiene dudas:

Dos litros extra de gasolina, chicos”.

Juancar y Rosalía comenzaron su vuelta al mundo en autocaravana el pasado mes de abril, con Marruecos como su primer destino. Además de conocer nuevas culturas y paisajes, su objetivo es colaborar con algunas ONGs y colectivos locales para aportarles materiales. Puedes seguir todas sus aventuras en su blog Ver, oír y viajar.

 

Sobre rubias que hacen Couchsurfing

Isabel García, Francia

Llamé a la puerta de Camilo, el colombiano de Couchsurfing que iba a acogerme en Arles, en el sur de Francia. Como buena paranoica que soy, llevaba un rato imaginándome las mil y una maneras en que iba a morir en sus manos. Ja. Mola viajar, ¿eh? Lo que desde luego no me imaginé, fue que 24 horas después yo iba a salir pitando de allí, pero por motivos bien distintos.

Camilo estudiaba fotografía, y vivía en un pisito muy cuco. Mientras yo decidía que probablemente el colombiano no iba a asesinarme, salió de alguna habitación una mujer rubia y luminosa. La Rubia resultó ser una alemana que también iba a hacer Couchsurfing allí, y que, por cierto, estaba muy buena.

Un rato después, fuimos a la casa de unos amigos de Camilo. Eran todos como artistillas, y se entretenían haciendo fotos con máquinas vintage súper molonas. El colombiano parecía tener un especial interés en fotografiar a La Rubia, mientras a mí me ignoraba por completo. Cuando se hizo de noche, decidimos colarnos en el anfiteatro romano, y él aprovechó para llevarse a La Rubia a un rinconcito y hablar.

Más tarde volvimos a casa, y los dos tortolitos se metieron en el cuarto de él a seguir con su conversación. Al día siguiente, me levanté y me fui yo sola a pasear por la ciudad, imaginándome las orgías que debían estar montándose estos dos. No me apetecía nada pasar una noche más en plan sujetavelas, y era evidente que Camilo no me quería allí, así que fui a recoger mis cosas. De paso, dije a Camilo que no le iba a dejar un comentario en la web, y que yo hacía Couchsurfing para conocer a gente, no para pasar el día sola.

¡Cómo mola el Follasurfing!

Isabel García soy yo, osea, la que escribe este blog (aviso para despistados). Soy profesora de inglés y español, a veces trabajo y todo, y además escribo en Mujer silvestre, mi blog de entrevistas a mujeres y vídeos de preguntas callejeras.

 

Una súper heroína arrancapuertas

Iván y Érika, China

Una noche de fiesta por Pekín… Al entrar en el segundo local y pedir una copa, yo (Érika) necesitaba ir al baño, así que me fui sola al servicio. Una vez allí, vi que no había puerta principal en el baño, solamente en los baños individuales. Entré en uno de ellos, y cuando terminé y salí, vi que entonces sí que había puerta en la entrada principal. ¿Cómo? Sí, sí, todo muy extraño…

Empujé un poco la puerta con la mano, y de repente el portón enorme se cayó al suelo, pudiendo haber matado a alguien si hubiera estado detrás… ¿Qué acababa de pasar? Salí fuera y le conté lo sucedido a Iván.

En menos de un minuto, tenía a todos los de seguridad de la discoteca rodeándome, y a un tipo gritando y diciendo que yo había roto la puerta y que la tenía que pagar, porque si no, iban a llamar a la policía. ¿Cómo? ¡No podía creer todo aquello! Pero si yo solo había tocado la puerta y ésta se había caído sola, ¿qué soy, una súper héroe con súper poderes capaz de arrancar esa pedazo de puerta yo sola? Además, esa puerta ni siquiera estaba allí cuando yo entré… ¡Estaba claro que ellos mismos la habían puesto ahí para que yo al tocarla cayera al suelo!

Yo quería que llamaran a la policía, porque sabía perfectamente que yo no había roto nada, pero la gente me decía que si la llamaban sería peor, porque ellos también querrían llevarse su parte… Total, que yo acabé llorando de rabia y de impotencia por ver que nos estaban timando en nuestra cara, y qué lo único que querían era nuestro dinero… Al final, de 100€ que nos pedían acabamos pagando 30€ para que nos dejaran marchar.

Durante nuestra vuelta al mundo nunca salimos de noche y para una noche que decidimos hacer una excepción y salir… ¡toma timo del guiri, que rabia!

Iván y Érika son dos blogueros apasionados de los viajes, que han dado la vuelta al mundo en dos años y escriben sobre viajes y nomadismo digital en su blog Viviendo por el mundo. Ahora, su plan es dedicarse a la enseñanza del español online, para poder seguir con su proyecto de vivir viajando. 

 

Ocho horas en el pasillo del bus: bienvenidos a Laos

Laia Moret, Laos

En Laos el transporte es una aventura por sí misma.

El primer bus que tomé sufrió un pinchazo, y tardamos 8 horas en recorrer 200km. Pero eso no es nada.

En el viaje en barca desde Muang Khoa a Muang Ngoi nos abandonaron a medio camino. Íbamos bajando por el río, entre paisajes de extrema belleza, cuando el “conductor” se acercó a la orilla y aparcó al lado de otro bote. Saltó, se subió al otro bote, y se fue sin decir una palabra.

Los diez pasajeros de la barca, todos viajeros, nos quedamos mirando el bote que desaparecía río arriba. Estábamos en medio del río y las montañas, en medio de la nada. Allí no había nadie.

15 minutos más tarde, llegó un hombre caminando y nos miró con cara de sorpresa. Imaginé que era el propietario del bote desaparecido, que en vez de su bote se encontraba con una barca llena de turistas.

5 minutos más tarde, reapareció nuestro conductor con una botella de plástico llena. Intercambió unas palabras con el otro hombre, puso el contenido de la botella en el motor (ahhhh, ¡la gasolina!) y seguimos el camino.

Lo mejor de todo (?) fue el viaje en bus nocturno de Luang Prabang a Vientiane. Dos horas después de salir, se paró en medio de la carretera. Algo se había roto y no se podía reparar. Teníamos que esperar otro bus. Pensé que nos mandarían otro bus vacío. ¡Qué inocente!

Un par de horas después, dos buses se pararon detrás nuestro; los dos iban llenos, no quedaba ni un asiento vacío. Nos indicaron que subiéramos, y nos acomodamos como pudimos en el suelo del pasillo. Nos esperaban unas 8 horas de viaje. Fue una noche muy larga.

Laia Moret ha vivido en Francia y Suecia, y ha dedicado un año a dar la vuelta al mundo. Escribe sobre viajes y desarrollo personal en su blog Dream travel girl, y además da clases de español online para viajeros con Spanish to travel.

 

Salvadas por los policías del resort

Laura Kvaternik, Brasil

Amaneció diluviando, pero era mi último día para ir a Caraíva, así que me fui a la parada del autobús y esperé. Cuando por fin llegó, ya había entablado conversación con un brasileño, que acabó siendo mi compañero durante lo que se convirtió en toda una aventura.

El autobús desistió en el pueblo siguiente: las pistas estaban embarradas y no podía continuar. Entonces apareció un hombre con una furgoneta y se ofreció a llevarnos. Después de un rato, empezó a oler a quemado. Nos quedamos tirados.

Por suerte, pasó por allí un amable campesino que nos llevó a todos en su camioneta. Pero a Caraíva no entran coches: nos dejó en el río, donde un barquero nos cruzó hasta el pueblo, un coqueto paraíso costero envuelto en selva, sin electricidad y con calles de arena de playa recorridas por burros y pies descalzos.

Lamentablemente, yo había perdido medio día en llegar y no podía quedarme a disfrutar de aquello. Necesitaba salir de allí, pues al día siguiente cogía un avión, y estaba claro que no iba a ser fácil volver a la ciudad.

No sé bien cómo ni de dónde, pero claramente gracias a la ayuda de mi amigo del autobús, apareció una chica portuguesa que tenía el mismo problema. Como no había transporte, nos lanzamos a andar por la playa, sin saber hasta dónde podríamos llegar.

Caminamos durante varias horas bajo la tormenta, hasta que aparecimos en un exclusivo resort. Allí, dos policías accedieron a llevarnos hasta Trancoso, el pueblo donde el primer autobús me había dejado. La española está toda colorada, decían entre risas.

Finalmente, pudimos coger otro autobús de vuelta a nuestro hostal, ¡que era el mismo! Allí nos encontramos con otros viajeros con los que ambas habíamos hecho amistad. Esa noche, claro, salimos a celebrar la vida.

Laura Kvaternik es una viajera apasionada de la escritura y de África. En estos momentos se encuentra viajando por África Occidental, en un recorrido en solitario que durará cinco meses.  Puedes leer sobre sus viajes en su blog, Mi mundo sin fronteras.

 

No te tires del puente, que no es una caída linda

Manuel Benedetti, Japón

Esta es una historia reciente y 100% real que me pasó en Kioto, volviendo a casa con un amigo después de un bar. Frente a una estación de servicio, y ante la pasiva mirada de un ponja que estaba cargando nafta, había una parejita peleándose a los gritos. No era una pelea común: ella lloraba y gritaba, mientras él trataba de llevársela por la fuerza hasta el coche.

Yo no entiendo japonés, y mucho menos las costumbres de este país tan extraño, pero obviamente, lo que estaba pasando no podía ser normal. Le preguntamos a la chica si estaba todo bien y ella nos miró y nos gritó “Tashkete kudasai!” que es una frase tan grave que sólo la usan en los animes y significa “¡Ayuda por favor, que estoy en peligro!”.

Nos asustamos y tratamos de intervenir, pero de repente la chica se escapó. Dejando tirada su cartera y sus zapatos, salió corriendo como loca por el medio de la calle de frente al tránsito. Mi amigo fue a buscar a la chica, y de golpe lo vi corriendo y gritando como un loco: la japonesa estaba tratando de saltar de un puente. No era una caída linda. No se iba a matar, pero el río de abajo tenía tan poca agua que no iba a quedar muy bien.

Nosotros la frenamos justo, y ella se desplomó a llorar. Llamamos a la policía mientras volvía el “novio” a agarrarla. Ella lloraba, se tiraba al suelo y de golpe se levantaba para saltar de nuevo, la frenábamos, ella lloraba otra vez… así por diez minutos hasta que vino la policía. En el medio me ligué algunos golpes por frenarla dos veces. Con la policía y todo, intentó saltar de nuevo hasta que finalmente se la llevaron, vaya uno a saber dónde.

Finalmente, nos quedamos solos y sin saber si nos podíamos ir. Como no venía nadie nos fuimos a tomar una última cerveza y a tratar de entender qué había pasado, pero con la sensación de haber salvado una vida. O algo así.

Manuel Benedetti salió de su Buenos Aires natal hace algo más de un año, y desde entonces no ha parado de viajar por Asia y Europa. Acaba de autopublicar “Instantáneas de un mundo flotante”, un libro sobre algunas de las historias más peculiares que le sucedieron en los tres meses que pasó en Japón -país en el que se encuentra de nuevo-, y escribe con gran sinceridad y humor en su blog Yirando, uno de mis blogs de viajes favoritos.

 

¿A qué suenan los árboles a punto de caer sobre tu cabeza?

Valen y Álex, Canadá

Aún hay quien nos mira raro cuando decimos que Canadá no nos enamoró hasta que llegamos a Vancouver Island, y es que en esta isla donde no se han hecho grandes esfuerzos por ganarle terreno a la naturaleza, cualquier rincón puede hacerte sentir que has llegado al lugar equivocado, como los vaqueros del Oeste.

Ya que vivíamos en el coche, cada noche nos tocaba averiguar dónde podríamos dormir sin que nos echaran. A punto de llegar a Tofino, conocido por sus interminables playas grises y salvajes y por ser un punto de reunión para surfistas, decidimos entrar en uno de los tantos caminos de tierra que nacían de la carretera principal, y llevar el coche lo más profundo posible. En los últimos minutos de luz, todo lo que se veía eran los mares de árboles blancos, altos y delgados a la orilla de cada lado del camino. Su flexibilidad hacía que las copas desnudas se curvaran hacia adentro, lo que provocaba un efecto túnel inquietante.

El viento golpeaba más de lo normal, sentíamos el coche balancearse cada pocos segundos y las ventanas silbando mientras intentábamos dormir. Empezamos a oír crujidos. Si aún te preguntas cómo suena un árbol quebrándose, es muy parecido al sonido de un hueso rompiéndose. Al principio se oía de lejos, muy de vez en cuando. Hasta que además de los cracs cracs también escuchamos el ruido seco de un tronco cayendo sobre el suelo. Decidimos que era hora de irse. Regresando, podíamos ver árboles caídos que no estaban ahí a nuestra llegada.

El pueblo más cercano era Ucluelet. Fue difícil saber si habíamos llegado, la luz había caído. Un pueblo fantasma. Después de varias vueltas pudimos distinguir una gasolinera (las luces de nuestro coche de 20 años eran bastante débiles). Nos escondimos en la parte trasera y no vimos Ucluelet por primera vez hasta la mañana siguiente, donde todo parecía normal y los restaurantes servían sus desayunos.

Álex y Valen  son los creadores de Puentes en el aire, un blog de viajes muy personal, con el que transmiten todo tipo de sensaciones a través de la palabra, la fotografía y el vídeo. Llevan algo más de un año viajando por el continente americano, y por el momento no tienen billete de vuelta.

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1 Comment
  1. Responder

    Laura Kvaternik

    18 septiembre, 2017

    Esto es lo que queda después de un viaje: las historias. Esas que sacas cuando la gente te pregunta qué tal el viaje y no se te ocurre la manera de reducir toda la experiencia a una respuesta medianamente simple…

    Me han encantado todas. Muy buen artículo, Isabel. Gracias por contar conmigo 🙂

    ¡Un abrazo!

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