Israel Voluntariado

Bienvenidos a mi voluntariado de Workaway más explotador

By on 30 junio, 2017

A mí siempre me ha gustado hacer voluntariados con familias. Lo que nunca me ha gustado es que me exploten.

Hasta ahora me había quedado con cinco familias a través de WWOOF o Workaway, y aunque en ocasiones me costó un poco adaptarme a sus rutinas particulares -esto en realidad me pasa en todos los voluntariados-, la experiencia general siempre había sido positiva.

Entonces llegó mi Workaway más explotador de la mano de una peculiar familia israelí, y me desmontó las opiniones que había formado de los voluntariados con familias, de la fina línea que separa el trabajo voluntario de la esclavitud, y del comportamiento humano. Así, como en general.

Mi anfitrión se llamaba Ofer, y vivía con su mujer y sus cuatro hijo en un moshav -una comunidad agrícola o pueblo, para que nos entendamos- cerca de Jerusalén y de Palestina. Ofer, que había tenido muchos trabajos diferentes a lo largo de su vida, decidió hace no sé si dos o tres años abrir un restaurante en la terraza de su casa los sábados y algunos viernes.

En Israel, los sábados o Shabbat son el día libre de la semana, y si un comercio decide abrir justamente ese día, los empleados deben cobrar el doble. Al cabo de un tiempo, Ofer oyó hablar de WWOOF y Workaway, y decidió que le vendría muy bien un poco de mano de obra gratuita.

(Aquí me gustaría hacer un pequeño inciso para destacar que me parece bastante mal que gente como Ofer, o como la familia japonesa con la que yo vendía dulces, se hayan apuntado a WWOOF para conseguir voluntarios. WWOOF está pensado para trabajar en granjas orgánicas, no haciendo y vendiendo dulces, ni limpiando o sirviendo mesas como hice, entre otras cosas, con esta familia israelí. Sí, estas dos familias tenían un pequeño huerto orgánico, pero las tareas principales que realizábamos los voluntarios no estaban relacionadas con esto.)

El trabajo con Ofer se dividía en dos: durante la semana le ayudábamos a hacer las compras para el restaurante, hacíamos cualquier trabajo relacionado con el mantenimiento de la casa, o trabajábamos en el pequeño huerto; luego, los sábados era el día del “TRABAJO MORTAL”. Ya está.

Bueno, para ser más específicos, los sábados era cuando empezábamos a las 8:00 de la mañana a preparar todo lo necesario para las comidas del día, atendíamos a los clientes a partir de las 12:30 aproximadamente, y terminábamos a las 18:00 de la tarde. Sin pausa para comer; total, a mí la verdad es que me gustaban las sobras. Y sin poder quedarnos las propinas que nos dieran los comensales. Todo muy normal, esto de trabajar diez horas seguidas sin cobrar, cuando la página web de Workaway estipula que el trabajo debe ser de entre tres y cinco horas al día. Eso sí, teníamos dos días libres a la semana, algo que nunca me había pasado en ningún voluntariado (normalmente he tenido un día libre a la semana, o uno en dos semanas).

Al principio me costó más de lo normal acostumbrarme a todo. Por una parte, el trabajo me parecía excesivo, ya que incluso entre semana solíamos terminar nuestras tareas sobre las seis o las siete, y además como estábamos en un pueblo no había mucho que hacer. Y por otra parte, apenas pasábamos tiempo con la mujer y los hijos de Ofer. Si algún día uno de sus hijos me decía más de un par de monosílabos seguidos, es que era mi día de suerte -en realidad, ese día llegó, porque conseguí hablar varias veces con el mayor, de doce años. En cuanto a la mujer de Ofer, pude tener con ella dos conversaciones, muy agradables, por cierto, en las tres semanas que pasé allí. Pero ya. No más.

Palestino (izq.) e israelí (dech.) de un asentamiento en Palestina, dándose la mano tan contentos

Aun así, muy poco a poco empecé a coger confianza con Ofer, a disfrutar de nuestro trabajo de los sábados, y a sentirme más a gusto. Un día, decidí comentarle algo que llevaba un tiempo pensando: Ofer, la verdad es que este es el Workaway en el que he trabajado más. Ups. A ver qué me dice.

Esa es la naturaleza de este lugar, me respondió. “No es para todo el mundo; algunos se han ido al cabo de unos días. Otros trabajan incluso más de lo que les pido. Una vez vino una chica alemana que tenía que hacer una escultura de piedra, y se pasaba como ocho horas trabajando, a pesar de que le dije que ella debía trabajar menos que los demás porque era muy cansado.”

Anda, eso era, la “naturaleza” del lugar. En todo caso, el asunto de las horas de trabajo no era lo único medio polémico de este voluntariado. Ofer resultó ser todo un personaje, para bien y para mal. Era una persona de izquierdas, acostumbrada a ir al pueblo palestino más cercano para hacer sus compras y hablar con sus amigos y conocidos, con los que llevaba tratando desde hacía más de diez años. Le encantaba hacer bromas mientras te miraba con una chispita traviesa en los ojos y una sonrisita absolutamente minúscula. Era observador, pero solo escuchaba cuando le interesaba lo que estabas diciendo. Tenía pequeñas manías en la cocina, pero era muy generoso con la comida y nos hacía platos buenísimos. Cuando le caías bien, te trataba como a una princesa. ¿Y cuando le caías mal? Cuando le caías mal te dabas cuenta.

Platos de un restaurante al que íbamos a veces en el pueblo palestino

A pesar de la especial “naturaleza” de este lugar, y de las rarezas de mi anfitrión, me llevé muchas cosas buenas del tiempo que pasé aquí, y llegué a tener una muy buena relación con Ofer. Pude trabajar con otras dos voluntarias simpatiquísimas: Asya, de Estados Unidos, y Priya, del Reino Unido, con la que incluso viajé varios días por Ramala, Jericó y el norte de Israel. Ofer también fue súper amable conmigo y me ayudó a visitar la escuela del pueblo palestino, y habló con una familia que conocía para que me invitaran a comer a su casa. Cuando le dije que iba a ser mi cumpleaños unos días después de que se terminara el voluntariado, me dijo que podía volver a su casa y celebrarlo con algunos de los amigos que hice en Jerusalén. Yo acepté encantada, pero cuando volví a verle le encontré muy frío conmigo; ni siquiera me dio un abrazo al verme, ni me felicitó por mi cumpleaños.

Di muchas vueltas al porqué de su cambio de actitud, y lo único que se me ocurrió fue que tal vez no le hubiera gustado lo que escribí en la web de Workaway sobre mi estancia en su casa (aquí puedes ver el perfil de Ofer; mi comentario está más abajo). Como finalmente me llevé muy bien con él, le di un “excelente”, pero también traté de ser lo más honesta posible. Aparte de explicar todos los buenos momentos que había vivido esas semanas, expliqué detalladamente las horas de trabajo que habíamos tenido, y alguna otra cosa más que pensé que los futuros voluntarios debían tener en cuenta antes de venir aquí.

Creo que esto es lo mínimo que podemos hacer después de finalizar un voluntariado, tanto si nos ha gustado como si no. Desgraciadamente, demasiada gente abandona antes de tiempo los voluntariados que no les gustan sin dejar una crítica en la página de Workaway, o no los abandona pero prefiere no escribir nada sobre su experiencia por miedo a que el anfitrión diga algo malo de ellos también. En realidad lo entiendo, porque los voluntarios pasamos tanto tiempo con los anfitriones que llegamos a tomar bastante confianza con ellos, y nos resulta muy incómodo criticarles aunque sea de manera justificada. 

Con Priya y Asya visitando a una familia palestina

De todas formas, tenemos que tratar de encontrar un equilibrio entre mantener esa buena relación con el anfitrión y exigir que éstos se atengan a ciertas normas, como la de las horas máximas de trabajo. Una de las pocas maneras que tenemos de exigir esto es mediante los comentarios que escribimos en el perfil del anfitrión, y si solo escribimos cosas positivas, estamos haciendo un flaco favor a los otros voluntarios que vendrán después de nosotros.

Hace poco, cuando buscaba voluntariados para hacer en Palestina, encontré uno en un hostal en Hebrón. Solo tenía un comentario, lo cual ya me daba algo de mala espina, así que decidí contactar con la chica que lo había escrito. Esta voluntaria, que había dado una puntuación “excelente” a su anfitrión, me recomendó que no fuera a este sitio sola, ya que en algunas ocasiones se había sentido bastante incómoda con el dueño del hostal. Añadió, además, que había que ser muy “firme” con él. Entonces, ¿por qué le había dado un “excelente”? ¿Puede saberse para qué existen tanto el sistema de puntuación de los voluntariados como la posibilidad de escribir sobre ellos, si la gente no dice la verdad?

Este día fuimos a una tienda-almacén a por comida y productos para el restaurante; era un auténtico desastre de lugar

Cuando terminé mi voluntariado en el hostal de Jerusalén y en la casa de Ofer, pasé tres semanas viajando por Palestina e Israel. Durante ese tiempo me di cuenta de que en la mayoría de los hostales en los que me había alojado desde el principio de mi viaje, había voluntarios trabajando gratis. En el precioso hostal de los Altos del Golán en el que pasé dos noches, el dueño parecía no hacer prácticamente nada. Tal vez se dedicara a tareas administrativas más discretas y aburridas, pero todo lo demás, desde hacer las camas, a servir las comidas y hacer los check-ins, era responsabilidad de los seis voluntarios que se alojaban allí.

Aunque a mí me encanta poder tener una cama gratis a cambio de varias horas de trabajo, ¿no se está yendo esto de los voluntariados un poco de las manos? Es que nadie regula cuántos voluntarios tiene un anfitrión, ni qué tareas pueden o no hacer, ni cuántas horas deben trabajar.

¿Estamos volviéndonos un poco locos con estos negocios “alternativos” o informales que Internet y las aplicaciones han permitido crear, como Uber, AirBnb, Blabacar, o los cientos de cursos-chorra-online que ahora venden tantos nómadas digitales?

Está muy bien poder ganar dinero o ahorrar mediante estas herramientas, pero creo que es evidente que algunos se aprovechan demasiado. Lo mínimo que podemos hacer los voluntarios que utilizan Workaway o WWOOF es ser honestos con nuestros anfitriones y con los demás voluntarios, y dejar un comentario realista en su perfil.

Si no hacemos nada al respecto, Workaway va a acabar convirtiéndose en lo que alguien dijo en una ocasión a mi amigo Manu:

Ah, sí. Tú lo que estás haciendo es Slaveaway, ¿no?

 

(Slaveaway es una especie de juego de palabras con “slave”, que significa esclavo)

 

 

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5 Comments
  1. Responder

    Edgar

    28 septiembre, 2017

    Hola!!!

    Muy de acuerdo con lo que dices de los comentarios, para eso están y me atrevería a decir que es nuestra responsabilidad moral poner un comentario veraz y sincero, tanto para bien como para mal.

    Yo todavía no he hecho voluntariado(pero ya tengo planes para cambiar esto), pero he hecho mucho couchsurfing y creo que hay que ser honesto y descriptivo con los comentarios.
    A una amiga el host (anfitrión) intentó besarla, hasta aquí bien, todos hemos intentado besar a chicas y una cobra nos vale como un NO; pero al ver que mi amiga le hizó la cobra el host que la alojaba la agarró y la besó contra su voluntad, ella se fue sin que nada más pasara, pero no se atrevió a poner un comentario negativo por miedo a recibir otro comentario negativo. Nunca me quiso decir su perfil en couchsurfing pero me dijo que aquella persona tenía más de 10 comentarios y todos eran positivos.
    Ahora puede que esto le haya pasado a alguna otra chica más…. y en parte sería culpa de aquellas personas que vieron una reacción similar por parte del anfitrión y no pusieron el correspondiente comentario.
    Saludos!

    • Responder

      Isabel

      28 septiembre, 2017

      ¡Hola Edgar!
      ¡Vaya tela con la historia de couchsurfing de tu amiga! Entiendo que no quisiera escribir algo negativo por miedo a que él le pusiera algo malo a ella también -podría haberla acusado de mentirosa, y cosas así. Pero buff, en un caso así, creo que es mejor arriesgarse, ¿no? Porque al menos así las demás chicas que leyeran su perfil estarían avisadas. Con los comentarios de couchsurfing creo que no hay que ponerse en plan tiquismiquis y criticar por criticar, pero si hay un problema importante hay que ponerlo, aunque sea educadamente.
      ¿Y tienes pensado hacer algún voluntariado? Mucha suerte con eso, seguro que encuentras algún anfitrión majo; a pesar de que este voluntariado de Israel no fuera muy allá, siempre sacas algo positivo de la experiencia.
      ¡Un saludo!

  2. Responder

    Edgar

    29 septiembre, 2017

    ¨Tener pensado si, pero no lo tengo pensado mucho, quiero decir que aun no sabría decirte, de momento estoy trabajando en Irlanda y quiero terminar el proyecto que estoy realizando (estamos hablando de Mayo Junio de 2018) y luego quiero cogerme 9 meses para viajar durante los cuales haré algún voluntariado, probablemente más de uno.

    Y si, hay que ser valiente a la hora de poner comentarios, en couchsurfing, en workaway, en Ebay o donde sea…. y no me refiero por minucias (en este caso mejor no poner), pero si por cosas importantes.

    por cierto, soy de Castellón, aunque no voy mucho por allí últimamente 🙂

    • Responder

      Isabel

      29 septiembre, 2017

      Ah, vaya, ¿estás en Dublín? ¿De qué es tu proyecto? En 9 meses tienes tiempo para unos cuantos voluntariados, desde luego.
      Eso, con los comentarios hay que procurar que sirvan de algo.. También mola reconocer el buen hacer o el buen trabajo de la gente que sí se lo curra, y no solo comentar para las cosas malas.
      Ah, yo no sé si he estado en Castellón ciudad alguna vez.. En Peñíscola sí he estado, de pequeña.
      ¡Suerte con tu proyecto!

      • Responder

        Edgar

        30 septiembre, 2017

        Si, estoy en Dublín!!
        En realidad no es mi proyecto, me expresé mal, estoy trabajando para una compañía que hace software para aerolíneas y el proyecto donde yo estoy es bastante interesante y aprendo bastante, pero el proyecto terminará según lo estimado allá por Abril. Desde luego siempre tengo la opción de cambiar de proyecto ya que estoy permanente en mi empresa, pero me apetece bastante cogerme un GAP year (9 GAP months), y como tu comentas en un post, un GAP year puede ser mucho mejor a los 30 y pico que a los 20 y pico 🙂

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