Qué pienso sobre... Viajar

Ya no quiero viajar más

By on 8 diciembre, 2016

Acabo de pasar tres meses en Japón, una semana en Kuala Lumpur y dos semanas en Nepal. Mi plan era en realidad pasar un mes y medio en Nepal, pero al cabo de un par de semanas decidí casi de golpe finalizar mi viaje. Fue el día en que recibí la noticia de que mi hermano había tenido a su hija Maya. Ese día me invadieron unas ganas enormes de estar con él y con mi familia, y el escaso entusiasmo que me quedaba por el país del Everest fue esfumándose por minutos. De repente, lo más emocionante para mí no era descubrir nuevos paisajes y conocer gente, sino volar hasta Europa para estar con los míos, en mi casa.

Y así estoy ahora, que no me apetece viajar. No solo eso, sino que este último viaje me ha decepcionado un poco y me ha hecho plantearme que tal vez me embarqué en él con unas expectativas poco realistas.

Hace tiempo me pregunté por qué viajo. En aquel momento no tenía muy claras las respuestas a mis dudas, pero ahora creo que podrían resumirse en mi deseo por sentir emociones fuertes. Yo quería emocionarme. Quería hacer cosas increíbles que fueran a grabarse en mi memoria, y ver paisajes hermosos que me hicieran enamorarme de algún lugar desconocido y lejano. Deseaba tener tiempo y libertad. También buscaba conectar con personas nuevas que me enseñaran algo, por ejemplo un modo de vida diferente, o con las que perdernos en reflexiones que me descubrieran algo de mí misma y de la vida que yo ignoraba.

Pues bien, en este último viaje por Japón, Nepal y Kuala Lumpur no he encontrado exactamente lo que buscaba. Los voluntariados que he hecho han sido experiencias increíbles, pero el ir de un lado a otro yo sola y el tener que adaptarme continuamente a grupos de gente desconocida me ha agotado mentalmente.

Como ya he dicho, he conocido a mucha gente gracias a los voluntariados que he hecho y a los encuentros en hostales. Pero salvo algunas excepciones, gran parte de esos encuentros han sido superficiales y con personas con las que no tengo mucho en común. Cientos de jóvenes y no tan jóvenes viajan hoy en día sin billete de vuelta, pero el hecho de que alguien viaje no es garantía de que pueda convertirse en mi amigo. Tal vez cometí el error de asumir -inconscientemente- que viajando conocería a mis almas gemelas perdidas por el mundo, pero ahora me doy cuenta de que eso es una tremenda ingenuidad.

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Cosas muy interesantes de viajar: recolectar té en Nepal.

Sí he hecho algunas cosas interesantes y medio surrealistas, como recolectar té en Nepal o vender dulces en Japón, y me alegro mucho de haber tenido esas experiencias porque me han servido para descubrir cómo viven otras personas. Lo que pasa es que ahora me da igual todo eso. No siento que necesite descubrir de primera mano cómo es tener una granja en Laponia o cómo es vivir en un kibbutz en Israel, por poner dos ejemplos.

Solo quiero estar en una casa. En mi casa, aunque sea la de mis padres. Ayer fui a trabajar con mi madre repartiendo notificaciones por el Cabanyal, y descubrí un mundo totalmente desconocido en mi propia ciudad. De hecho, ayer vi calles que me impactaron muchísimo más que cualquier cosa que haya visto en Nepal o Japón estos últimos meses, pero eso ya lo explicaré en otro post.

Quiero conocer a gente, pero sobre todo siento la necesidad de ver las caras de aquellos que siempre van a estar en mi memoria. También quiero pertenecer a un lugar, que para mí puede ser la cercana Valencia o la lejana Shanghai, pero nunca sería un voluntariado de Workaway o la sala común de un hostal.

Si quiero sentir todas esas emociones que yo buscaba, no necesito irme a la otra punta del mundo ya que puedo hacerlo incluso en la ciudad en la que nací. Además, sé que aquí también puedo conocer a todo tipo de gente, y si no es así no importa porque ya tengo a mi familia y a algunos amigos. Lo que pasa es que tanto en Facebook como en Instagram y en los blogs de viajes se suele lanzar el mensaje directa o indirectamente de que hay que irse lejos para poder admirar el mundo y descubrir la belleza. Desgraciadamente, este es un mensaje plano y unidimensional que deja escapar los muchos matices que tienen la sorpresa, la emoción y el descubrimiento.

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Belleza y emociones sin tener que irme a la otra punta del mundo: en mi propia ciudad.

Curiosamente, alguien a quien conocí hace años me ha comentado hoy que el mejor viaje es quedarse. Se trata de Belén, una profesora de Técnica Alexander a la que he entrevistado para Mujer Silvestre. Tras comentarle que se me han ido las ganas de viajar, ella me ha dicho algo muy emotivo con lo que me he sentido muy identificada por primera vez:

Yo, después de viajar toda mi vida, viviendo en diferentes ciudades y países, percibo ahora que la felicidad son momentos compartidos con los que te hacen sentirte parte del momento…

Quizás viajar tiene ese componente estimulante de aprender y contemplar sitios nunca vistos, descubrirte respondiendo a nuevos estímulos, sorprenderte por las maneras tan diferentes de funcionar de las múltiples culturas, etc.

Pero al final del viaje, lo que se valora de verdad es un abrazo y una mirada de alguien que te reconoce sin preguntarte. Esos abrazos silenciosos que brindan las miradas sintonizadas no se encuentran fácilmente en los viajes. Al llegar a casa de nuevo sueltas las defensas y dejas que entren las caricias. 

Yo ya no me pienso mover.

Supongo que las ganas de viajar volverán a mí, pero al igual que Belén ahora quiero disfrutar el viaje de conocer mi propia ciudad y de reconectar con mis seres queridos.

Voy a finalizar con una cita de Gaby, de El futuro nunca existió. Gaby ha empezado hace un mes aproximadamente su viaje sin billete de vuelta por el sudeste asiático. En su blog reflexiona sobre quién es ella cuando se encuentra en un país totalmente desconocido y sobre la necesidad de parar la mente y el cuerpo para observar a su alrededor y en su interior, algo muy importante cuando vas viajando de un lado a otro:

La última cosa que aprendí en este movimiento incesante que es mi viaje – y la más importante – es que hay que moverse lento, reposar, parar. Yo esto ya lo veía venir, ya le iba dando vueltas, ya lo quería aplicar a mi vida diaria en los últimos meses en España, pero no lo entendía del todo.

Ahora sí. Porque el movimiento abruma, porque lo nuevo en exceso desorienta, porque es fácil perderse en uno mismo cuando ya nada es familiar. Y tal vez porque algunos somos más sensibles a los estímulos y necesitamos tiempo y espacio para procesar e integrarlos.

Así que aquí me quedo un tiempo, a orientarme de nuevo y permitir que los estímulos de mis viajes y todo lo que he visto en los últimos meses y años repose un poco en mi cabeza.

Luego ya veré a dónde voy.

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29 Comments
  1. Responder

    LoPérezRo

    8 diciembre, 2016

    Me ha gustado mucho tu post. Ante todo me disculpo por la falta de tildes pues en el teclado de mi ordi guiri no tengo la opcion.

    Creo que en la vida todo son etapas y hay que aprender a valorar cada una de ellas y aprender todo lo que sea esencial para el paso siguiente. Hace unos años miro atras y veo a una persona con una mentalidad conformista, de esas que pensaba que en la misma ciudad donde nacio es donde se iba a quedar el resto de su vida porque simplemente era “lo normal”. Hasta el dia que decidi romper con todo e irme.

    Hace tiempo que vivo en otro pais, y en el mismo ya he cambiado de casa y de ciudad varias veces. No siempre se apetece. No siempre es facil. Pero si se quiere te puedes llegar a sentir bien. A dia de hoy no me veo en mi ciudad de origen viviendo de nuevo (aunque sea muy duro decirlo …) pues mi vida esta aqui. Mañana no lo sé. Tampoco lo pienso.

    He aprendido a amar los viajes porque viajo con mi alma gemela y compartimos la misma pasion, pero como bien dices, partimos a la aventura juntos y volvemos a casa para ese periodo de estabilidad y calma juntos. Todo es mejor cuando se comparte con personas que merecen la pena y creo que es lo que te podria haber faltado a ti. Alabo a las personas que viajan solas, la verdad. Te permite descubrir muchas cosas sobre ti mismo que ni siquieras sabias. Pero sigo pensando que es mas interesante cuando hay algo mas que compartir que no sea solo “tu” y tu propia experiencia.

    Lo que te quiero decir con todo esto es que si lo que te pide ahora el cuerpo es estar en casa con lo tuyos….hazlo! El hecho de viajar siempre estara ahi esperandote si deseas volver a hacerlo, porqué preocuparse entonces? Ya has experimentado lo que es viajar sola, quizas la proxima vez lo hagas de una manera diferente. Centra cada momento de tu vida en lo que se te apetezca hacer y disfrutalo al maximo. Creo que eso es la esencia de todo. Con lo que nos quedamos al final.

    Espero que te haya servido un poco mi experiencia personal. Es solo para reflejarte que todos son etapas y cambios, y que es normal jeje 🙂 Un abrazo grande y gracias por compartir tu post. Lourdes

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      8 diciembre, 2016

      ¡Hola Lourdes! ¡Muchísimas gracias por tu mensaje! Estoy totalmente de acuerdo en que pasamos por etapas según la edad o las experiencias que vayamos teniendo. Yo, igual que tú, no me veo viviendo en mi ciudad de origen a largo plazo, aunque también es verdad que ahora me siento muy cómoda habiendo vuelto a casa. A mí me gusta viajar sola, pero no siempre es fácil. También he viajado en pareja o con amigos, y tiene la ventaja que comentas, que es la de poder compartir las vivencias con alguien con quien tienes complicidad y que te importa, no con otros viajeros que acabas de conocer. Gracias por contarme cómo ha sido tu experiencia personal, siempre viene bien conocer casos diferentes. Por cierto, ¡me encanta Francia! Qué suerte tienes de vivir allí. ¡Un abrazo!

      • Responder

        LoPérezRo

        9 diciembre, 2016

        Gracias a tí por compartir tus vivencias porque sé que no siempre es facil abrirse y sobre todo cuando se está experimentando este tipo de cambios! Si vienes por Burdeos me avisas y te enseñaré la ciudad con mucho gusto! Un abrazo 🙂

  2. Responder

    Day

    9 diciembre, 2016

    Me encanta este post y tu sinceridad, algo que nunca lei sobre viajes y que pienso, es muy importante. Gracias por compartir.

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      9 diciembre, 2016

      ¡Hola Day! ¡Muchas gracias por tu comentario! Yo creo que en los blogs o en cualquier sitio de Internet hay que escribir lo que a uno le apetezca, pero supongo que no queda tan bien decir que un viaje te ha decepcionado o aburrido porque lo “normal” es que un viaje sea super emocionante, interesante, inspirador, que te cambie la vida, que te ayude a conocerte mejor a ti mismo.. Pero a mí ya lo que me empieza a parecer raro es que la mayoría de reflexiones sobre los viajes sean de ese tipo (y digo la mayoría, porque muchos viajeros escriben también sobre las cosas que no les gustan de viajar, o de viajar a solas), es como si estuviéramos escondiendo algo.. Porque al igual que en el día a día no todo es de color de rosa, en los viajes tampoco. Bueno Day, lo dicho, me alegro de que este post te parezca sincero, ¡gracias por pasarte por aquí!

  3. Responder

    Alicia Tabkhucht

    9 diciembre, 2016

    Me ha gustado mucho tu post.
    A veces se idealiza de más el viajar, el estar lejos y el vivir experiencias en la otra punto del mundo. Y se convierte casi en una competición el pasar el máximo tiempo posible viajando.
    Viajar no está nada mal, pero no lo es todo.
    También puede una sorprenderse a la vuelta de la esquina, emocionarse con detalles de lo cotidiano o descubrir lugares increíbles cerca de casa.
    Viajar es genial, y yo no he cambiado de opinión al respecto en todos los años que lo llevo haciendo.
    pero unas veces el cuerpo pide movimiento y otras frenar… la capacidad de sorprenderse o disfrutar disminuye. Son momentos, a veces etapas, y lo importante es escucharse, y darse el gusto en la media de lo posible 🙂

    Que disfrutes mucho de los tuyos!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      9 diciembre, 2016

      Alicia, ¡estoy de acuerdo! Sí, se idealizan los viajes. Creo que lo bonito es cuando puedes descubrir cosas y emocionarte allá donde estés, tanto si es en tu ciudad o tu pueblo como si es en un lugar lejano. De todas formas tampoco hay que obsesionarse con estar siempre emocionándose y descubriendo y llegando al Nirvana 😛 Y como tú dices, cada etapa te pide una cosa diferente. ¡Un abrazo!

  4. Responder

    David

    14 diciembre, 2016

    Hola Isa,
    No sabía de este arrebato. En fin! ya me contaras camino de Talavera.
    Yo tengo algunos pequeños planes para el próximo año. Una oferta de trabajo en Sri Lanka en un campo de golf, un amigo de camino a Shanghai que visitare cruzando y acompañandole en Uzbekistan y Tadjikistan, una carrera de ciclismo entre Shanghai y Chengdu ( 3500 kilometros en 14 días)…
    más mi maravilloso trabajo y ventas de milana:: en Shanghai.

    Vuelvo a Madrid en Navidad, a escuchar las mismas quejas, los mismos lamentos y ver la rutina de las personas que dejan la vida pasar esperando un mejor memento que nunca llega, esperando cambios sin hacer nadar por cambiar,

    y ver a mi sobrina clao, como crece, intentare influir en ella tanto como pueda para sepa reconocer un buen libro y no se culo de buen asiento. Que sepa disfrutar de vender dulces y recoger te. Para que sepa decir hola, adiós y gracias en 20 idiomas.

    Volveré a Madrid a escuchar que allí se come y se vive como en ningún otro lado y mientras lo escucho como siempre pensare ¨y tu que coño sabes si nunca has ido a ningún lado y hasta te asusta que te hablen en catalan¨

    Reponte, coge fuerzas y empezaras a ver proyectos.

    Un besazo

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      20 diciembre, 2016

      David, me parto con eso de que tus familiares o amigos tienen miedo cuando alguien les habla en catalán 🙂
      Sí que es verdad que si solo conoces el lugar del que vienes no es posible comparar, pero bueno. Vivir siempre en el mismo lugar -en el lugar del que venimos, quiero decir- tiene muchas ventajas y comodidades, y supongo que con el tiempo uno se acostumbra y está encantado, aunque tal vez haya sitios mejores.

      En cuanto a las quejas, ahí sí que no puedo encontrar algo bueno.. Supongo que cuando nos quejamos de que algo va mal nos autoconvencemos de que las cosas son así y que no hay nada que hacer. Y como no hacer nada es más cómodo que hacer algo, continuamos así, aunque no estemos bien.

      Vaya, ¡Sri Lanka! Pero ¿tú te irías allí a vivir? A mí una vez me hicieron una oferta en un colegio en Candy, una ciudad de Sri Lanka, y no sabes lo que me alegro de haberla rechazado. Pero bueno, a lo mejor lo que te ofrecen a ti sí te interesa, no sé. En cuanto a tus viajes por China y Uzbekistán y Tadjikistán, me suena super interesante. Espero que no te congeles de frío.

      Pues ya hablamos los dos cuando vaya a Madrid, ¡un beso!

  5. Responder

    valenrmcs

    19 diciembre, 2016

    Me encanta haber leído esto, hace unos meses que estoy en ruta y no paro de darle vueltas al tema de viajar, mi concepto ha cambiado tanto y tantas veces que ya hasta me mareo! Y en gran parte tiene que ver con esa idealización que existe alrededor. Me encanta poder leer y saber de otras personas que mientras viajan sienten cosas más alla de sorpresa, plenitud y adrenalina, porque cuando lo vive una misma y ve que hay destinos que no le apasionan, días malos y alguna que otra morriña, casi que te sientes fuera de lugar por no estar a tope todo el rato, como si eso fuera lo raro. Creo que haces bien estando donde quieres estar en cada momento, ser honesta con una misma suele ser la mejor solución 🙂 un abrazo y disfruta de esta nueva etapa!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      20 diciembre, 2016

      ¡Hola! ¡Espero que este post te haya inspirado o ayudado un poco!
      Pues claro, unos viajes o destinos son más emocionantes que otros, no hay que calentarse la cabeza pensando por qué no estamos pasándonoslo genial, por qué no sentimos que esto es una experiencia increíble, etc. Cuando estuve en Nepal pensé en irme de allí no sé cuántas veces. Y sabes, varios viajeros que conocí se sintieron igual, mientras que a otros les encanta este país.

      Sí, se habla tanto de qué es viajar y por qué hay que hacerlo que al final parece que en cuanto te compras el maldito billete de ida al sudeste asiático ya tienes garantizada la felicidad, la sabiduría y saber quién eres, etc (que por cierto, parece que no hay otro destino en el mundo aparte del sudeste asiático, aunque es verdad que viajar aquí es más barato y que hay muchos motivos para visitarlo, pero..). Y luego si no te sientes así es como que te decepcionas. Este viaje que he hecho por Japón, Kuala Lumpur y Nepal no ha sido super divertido ni he tenido experiencias místicas, pero en realidad he aprendido un montón, así que me quedo con eso.

      No sé cómo te llamas, pero bueno, espero que disfrutes lo que te queda de viaje sin agobiarte por si estás haciendo lo correcto o no. No hay una manera de viajar, hay miles. ¡Un abrazo!

      • Responder

        valenriveiro

        2 enero, 2017

        ¡Me ayudó mucho muchísimo! Aunque pares la itinerancia te voy siguiendo, es muy grato leerte 🙂 Un abrazo!

        • Responder

          En la otra punta del mundo

          16 enero, 2017

          ¡Hola Valen! ¡Por fin encuentro tu blog! ¡Qué fotazas tenéis! Y muchas gracias por tu comentario, me alegro mucho de que te guste leer lo que escribo 🙂 ¡Un abrazo!

  6. Responder

    tonipleite

    24 diciembre, 2016

    ¡Hola!

    En los últimos meses te he seguido con algunas de tus publicaciones. Decirte que me suelen gustar mucho, pero ésta, sin duda, se lleva la palma. Un gran trabajo, pero no de redacción -que también- sino espiritual.

    Saludos y suerte 🙂

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      27 diciembre, 2016

      ¡Hola Toni! ¡Me alegro mucho de que te haya gustado este post! Creo que es más interesante tanto leer como escribir posts un poco más personales que los de tipo informativo, ¿no?

      ¡Un saludo, espero que te sigan gustando los posts futuros!

  7. Responder

    Sarai

    22 enero, 2017

    Gracias Isabel, tu publicación me ha ayudado mucho. Tienes el poder de transmitir tus sentimientos a través de tus palabras. Abrazos fuertes desde México

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      23 enero, 2017

      ¡Hola Sarai! ¡Wow, muchísimas gracias, y me alegro un montón de que este post te haya ayudado! ¡Un abrazo y mucha suerte!

  8. Responder

    Sebastian Zepedeo (@ZepeSeba)

    25 enero, 2017

    Hola!

    He estado leyendo todo tu blog y la verdad es una joya! Felicitaciones!

    Yo siempre me he obsesionado con pensar en que el día en el que yo llegue a ser viejo quiero poder mirar atrás y ver que tuve una vida con muchas aventuras y nada rutinaria, una vida al estilo “El gran pez” (mi película preferida) pero por otro lado se que si me voy mucho tiempo de mi país voy a extrañar muchísimo a mis seres queridos y no se si aguantaría tanto tiempo en el exterior, acá en mi país hay un dicho que dice “árbol sin raíces no aguanta parado ningún temporal” y es verdad, pienso que nuestras raíces son nuestra familia,nuestros amigos,nuestras cultura,etc.

    Así que resumiendo me gustaría tener siempre en mi vida el espíritu aventurero muy vivo en mi pero siempre sin descuidar de todos mis lazos cercanos que he generado a lo largo de los años los cuales son mis cimientos en mi vida

    Saludos desde Montevideo,Uruguay y de nuevo felicitaciones por tu blog!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      25 enero, 2017

      ¡Hola Sebastián! ¡Mira, un lector de Uruguay! En el 2012 estuve a punto de ir…
      ¡Muchas gracias por lo que dices de mi blog! Me alegro mucho de que te haya gustado 🙂
      Estoy de acuerdo con lo que dices. Yo ahora llevo dos meses en mi casa en España, y estoy re-descubriendo a mis padres, ya que durante los últimos tres años les he visto solo varias semanas al año.
      Yo creo que lo que dices es totalmente posible: puedes viajar y también mantener los lazos con los tuyos. De hecho, creo que es lo mejor.
      ¡Un saludo, Sebastián, espero que te pases por aquí de nuevo!

  9. Responder

    Sebastian Zepedeo (@ZepeSeba)

    25 enero, 2017

    Muchas gracias por contestar! Ojala que algún día puedas venir, Uruguay es un país con playas lindisimas, con paisajes divinos ademas es seguro comparado con otros países de latinoamerica la única contra que tiene es que es un país caro para vivir.

    Saludos!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      29 enero, 2017

      ¡Hola de nuevo, Sebastian! Pues sí, he oído siempre cosas buenas de Uruguay, ¡ojalá tenga la oportunidad de visitar tu país algún día! Fíjate, nunca había oído hablar de las playas, sino más de las ciudades, como Colonia, y también he oído que Montevideo está muy bien. De hecho, cuando estudié en Inglaterra tenía un compañero uruguayo casado con una escocesa, y desde entonces trabaja allí de profesor de español. ¡Un saludo!

  10. Responder

    Iván

    7 febrero, 2017

    Viajar está sobrevalorado. Me ha encantado tu artículo. Me he visto reflejado en él.

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      7 febrero, 2017

      ¡Hola Iván! Es interesante lo que dices.. Sí, seguramente viajar esté sobrevalorado. A lo mejor lo que hay que intentar transmitir es que un viaje está lleno de momentos, y que unos son mejores, otros peores, y muchos son del montón. Los momentos buenos son bastante únicos, eso es lo que está guay de viajar. ¿Así que te has visto reflejado en lo que decía? Creo que mucha gente que viaja debe sentirse así, aunque a lo mejor no lo dicen, no sé.. ¡Un saludo!

      • Responder

        Iván

        7 febrero, 2017

        Sí, la sensación que describes también la he sentido. Cuando has viajado suficiente llega un momento que pierde el sentido porque lo que buscas o ya lo has encontrado o te das cuenta de que no lo vas a encontrar viajando. Me sigue gustando viajar, pero ahora soy mucho más selectivo. Hay pocos sitios a los que realmente me gustaría ir. Y también enfoco los viajes de diferente manera ahora. Más como “dar una vuelta a ver qué hay”, que como hacía antes, que lo quería ver todo en poco tiempo y que además fuese una experiencia mística.

        Me gusta lo que dices de los momentos. Resume muy bien lo que es viajar y lo que te puedes esperar de un viaje.

  11. Responder

    En la otra punta del mundo

    8 febrero, 2017

    Mencionas lo del sentido en un viaje, y me recuerda a una cosa que leí en un libro de Aniko Villalba, que decía: “Viajar por viajar es lindo, pero después de un tiempo hace falta un objetivo, un hilo conductor, y no es fácil darle sentido al viaje.” Supongo que eso pasa sobre todo cuando te tiras meses o años viajando. Sí, lo de querer verlo todo es muy agobiante; a mí muchas veces me apetece más descubrir cafeterías que ver monumentos, jeje,¡ y lo de las experiencias místicas ojalá pasara más a menudo en los viajes!

  12. Responder

    Correo

    31 marzo, 2017

    Interesante nota discordante en el ambiente promocional del viajar. Yo lo hacía con una finalidad que, una vez alcanzada, dejó sin sentido los enormes esfuerzos físico y económico que implica. Pero soy consciente de que puede volver a interesarme por otros motivos.

  13. Responder

    Sergio

    28 abril, 2017

    Hola estimada, qué tal? De antemano te felicito por este espacio, y me disculpo si mi post resulta extenso, pero realmente me han dado ganas de escribir aquí, quizás sea una forma de desahogo, de liberación, y a su vez puede servir para compartir, debatir, reflexionar sobre el tema, por lo que entiendo todos podemos resultar beneficiados. Perdón si a veces no soy muy claro en la exposición, pero voy escribiendo según me vienen las cosas a la cabeza. Así que sin tanta introducción, allá voy:
    Soy de Montevideo, Uruguay, y por lo que vi no soy el único aquí jeje. Me titulé de Arquitecto hace algunos años. En esta carrera, y también en Economía, en mi país existe una rifa que los estudiantes tienen a disposición para vender y así costearse un viaje alrededor del mundo. En el caso de Arq la rifa es una especie de institución con más de 70 años de historia, con una organización fuerte, gestionada por los propios estudiantes. Consiste básicamente en vender 3 años de rifas, el 1ero 25, el 2do 60 y el 3ero 120. Esto para poder realizar el viaje mínimo, recorriendo parte de EEUU, Europa y algo de Asia. A priori resulta magnífico.
    Si bien los premios son excelentes, cada rifa tiene un costo aprox de USS 150, y todos los años aumenta. A su vez hay que vender más cosas, como agendas, asistir obligatoriamente a reuniones, asambleas, liquidaciones, etc. También conviene paralelamente ahorrar dinero ya que si bien con la venta de rifas se pretende cubrir todos los gastos, estos son limitados, no sobrando mucho dinero para lujos. Por ejemplo, el recorrido por Europa se hace en camioneta y durmiendo en campings. En los pasillos de la facultad es casi una herejía siquiera esbozar que uno no pretende hacer el viaje. Yo desde un principio supe que si bien es una experiencia increíble, no era para mí. Creo que el costo que en mi caso debía asumir se iba a traducir en salud, ya que además de insumir gran cantidad de tiempo, en ocasiones hay que rogar a la gente para que te compre una rifa, perseguir en algunos casos para que te paguen, invertir tu propio dinero, deber favores, etc.

    Tengo amigos y compañeros que han hecho el viaje. En sus narraciones si bien es indiscutida su fascinación por lo vivido, hay matices. Algunos es notorio que exageran lo bueno y minimizan lo malo. Otros son más sinceros. En un viaje que se realiza por el mundo, en grupo, donde hay que tomar decisiones consensuadas permanentemente, donde tienen que viajar 6 en una camioneta, donde tienes que dormir en carpa y compartir baño, donde a veces tu cena tiene que ser una lata de sardinas, no todo puede ser color de rosa. Los roces, stress, angustias que se generan son incalculables, llegando en algunos casos al extremo de romper parejas o amistades consolidadas. Eso muy pocos te lo cuentan.
    La carrera me insumió bastante más años de la currícula, debido a que ya de por sí en mi país es una de las más largas, trabajé durante toda la carrera, ya que provengo de una familia humilde la cual le era imposible costearme los estudios. Eso, sumado a que intenté siempre vivir la vida de un joven y no ser un robot obsesionado con el estudio, sumado a algún momento de dudas vocacionales, algo bastante común en carreras extensas, hizo dilatar los tiempos para graduarme. Meterme a vender rifas iba lógicamente a dilatar esto aún mucho más. Mi familia obviamente no tiene un círculo de contactos como para poder colocar tantas rifas con ese alto valor sólo con conocidos, por lo que sí o sí tendría que vender a extraños, y la competencia es atroz, ya que hay muchos estudiantes haciendo lo mismo al mismo momento. Esto sumado a que si en las liquidaciones mensuales te atrasas con los pagos, comienzas a generar una deuda enorme, teniendo que poner de tu dinero para intentar ir al día. Todo esto mientras estudias, trabajas e intentas tener una vida. Entonces me di cuenta desde bastante temprano, que estaba fuera de mis posibilidades.
    Pese a todos estos lógicos argumentos, la presión por hacer ese bendito viaje es tan grande que me inscribí a vender el primer año de rifas. Al final quise probar la experiencia desde adentro, cómo era la organización, como me desenvolvía vendiendo, etc. No me fue difícil vender el primer año, ya que lo hice a conocidos, familiares, amigos. Y ahora que lo pienso también quizás lo hice para ver quién me daba una mano, como una especie de test. Si bien vendí todas las rifas de ese año, sufrí el proceso. No es para mí, no me gusta, prefiero ganarme las cosas por mí mismo. Al terminar ese primer año me bajé enseguida del grupo de viaje, ya que con el sólo hecho de pensar en vender 60 y ,luego 180, me desmotivaba por completo. También tengo amigos y conocidos que no han hecho el viaje, y conozco casos que han vendido hasta el segundo o incluso abandonado en el tercer año por no poder hacer frente a las rifas, o porque simplemente desean ser Arquitectos y nada más. También hay personas que se han estresado mucho, enfermado, que pasaron mal, todo por esa presión de hacer el viaje. Sin embargo todo esto no sale en primera plana.
    Es tan potente esa presión que aún hoy dudo si hice o no lo correcto, pese a que en ese momento estaba convencido, y a veces me da temor de llegar a arrepentirme.
    La presión social puede llegar a llevarnos a hacer cosas que realmente no deseamos. Viajar de mochilero por Asia, tener un hijo, comparte una casa y un coche, etc.
    En ese momento que decidí renunciar al viaje, lo hice porque disfruto viajar, paradójicamente. Pero lo disfruto a mi manera. He tenido la fortuna de viajar por varios lugares de América y Europa, y pienso seguir viajando. He conocido montañas, desiertos, selvas, oceános, mares, ríos, pueblos, metrópolis, grandes edificios, personas, culturas, sabores,etc. Disfruto pequeños viajes en mi país, en mi región . He viajado solo, en pareja, con amigos, con familia. Elijo cómo, cuándo y con quién quiero viajar. Y cuando quiero regresar a casa, cerca de mis afectos, a mi ciudad.
    Y créanme, luego de entrar a la octava Catedral Gótica, son todas iguales. En viajes largos vas perdiendo la capacidad de asombro, hay momentos en que no tomas real dimensión de las cosas., y lo único que quieres hacer a media tarde es ir a un Starbucks y luego a darte un baño al hotel y quedarte acostado viendo tv.
    Lo que quisiera decirles, es que viajen, sí, pero sean ustedes los dueños de sus viajes.
    Traten de no endeudarse demasiado, mejor ahorren algo de dinero y minimicen la deuda. Viajen jóvenes, adultos y viejos, vuelvan a un mismo lugar luego de varios años y descubran cosas nuevas. Investiguen en foros, sean críticos. Saquen fotos pero no muchas, las necesarias para que si luego las ven en unos años, funcionen como un ancla de la memoria, y para compartir con seres queridos nuestras experiencias. Pero sobre todo disfruten. No hagan las cosas porque los demás lo exigen. Vivimos en un mundo donde viajar está sobrevalorado, al igual que estar siempre en actividad. Nos bombardean con la idea de que siempre hay que estar haciendo algo, no importa qué, pero hazlo, ve a un gimnasio aunque no quieras, come frutas orgánicas, cambia el teléfono, sacate una selfie porque si no no puedes demostrar que estuviste ahí, usa brackets, ve en bici al trabajo, etc.
    No a todos nos gusta viajar de la misma manera, debemos respetar al que le guste ir a un all inclusive como al que le guste hospedarse en hostels baratos, con baño compartido y una cama incómoda, aunque sea cool esto último.
    Sin embargo, hay cosas que no tolero demasiado. He visto personas, muchas, que les interesa más sacarse una selfie frente al Coliseo que disfrutar del edificio. Una foto donde ¾ partes de la misma es una cara y ¼ es el Coliseo. Todo porque quieren que el resto sepa que estuvo ahí, tacharlo de la lista y seguir a otro lugar a hacer lo mismo.
    Hay gente que se va de vacaciones una semana al Caribe, y aunque le lluevan 6 días, tenga que hacer cola para comer y el hotel esté desbordado de gente, nunca te lo va a reconocer, y te va decir que la pasó increíble. Porque viajar está asociado a pasarla bien, sea como sea, y cuando te preguntan no puedes siquiera insinuar que tuviste días de mierda, donde extrañabas tu sillón y tus pantuflas.

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