Japón Viajar

Algunas curiosidades sobre Japón que he aprendido durante estos tres meses

By on 21 octubre, 2016

Tres meses en Japón. Se me han pasado muy rápido. Japón es el país en el que me he sentido más segura y cómoda al viajar. Nunca, nunca he tenido que preocuparme por dónde colocaba mis pertenencias, porque sabía que nadie me iba a robar nada.

Sin embargo, también es el lugar más caro en el que he viajado nunca, y por eso no he visitado todos los lugares que quería ver.

Me voy con pena de Japón. Pero debo reconocer que también tengo muchas ganas de ver países con un poco más de aventura y caos.

Para aquellos que quieran conocer un poco más de Japón, os dejo una lista de algunas de las cosas que más me han llamado la atención de este país durante el tiempo que he pasado aquí.

 

  1. Los ferry sin asientos

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    En Japón puedes tomar un ferry sin asientos. Lo que hay en el suelo es una moqueta donde tumbarte. Si tienes frío, te puedes tapar con una manta y colocarte una almohada con forma de ladrillo debajo de la cabeza.

 

  1. Habitaciones que parecen gimnasios

    Muchas veces al estar en una casa antigua he tenido la sensación de estar en un gimnasio. ¿Camas? No, claro, usan futones que doblan durante el día en un rincón. ¿Estanterías o cuadros? No, porque casi todas las paredes son en realidad puertas correderas. ¿Muebles, elementos decorativos, chorradas de Ikea? Nada, un tatami, puertas correderas de papel y ya te apañarás con tu gimnasio casero.

 

  1. El afán por las toallas

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    No ya por tenerlas en su casa para secarse después de la ducha, no, me refiero al afán por llevarlas en la cabeza o alrededor del cuello, tan tranquilamente. Especialmente en los meses de calor, verás que gente de todas las edades lleva por ahí unas toallitas con las que se seca el sudor. La mayoría de la gente las lleva discretamente en el bolsillo o en su bolso, pero es muy común ver a obreros de la construcción o cocineros con toallas en el cogote.

 

  1. Los espantapájaros salidos de una peli de terror

    Los espantapájaros son más bien espantahumanos. Dan un miedo que te cagas. Les ponen pelucas y todo. En el campo en Okayama vi un espantapájaros vestido de enfermera, con el aparatito para auscultar y todo. Será para espantar a los cuervos que tengan fobia a ir al médico.

 

  1. Los niños de 6 años cogen el metro solos

    Supongo que se debe en parte a la gran seguridad que hay en las ciudades en Japón, o tal vez a la manera de educar a los niños en este país. Las primeras veces que vi niños solos o en parejas ir por la calle y cogiendo el metro, flipé. Van con sus robustas mochilas (ver el punto 10), su botella de agua, y un gorrito monísimo. No se pierden, no lloran, caminan tan tranquilos. Ojalá en muchos más lugares del mundo fuera así.

 

  1. Los inodoros

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    img_1669En Japón hay wáteres más inteligentes que tú y que yo. He visto algunos cuyas tapas se abrían y cerraban como por arte de magia, y luego encima estiraban de la cadena ellos solos. También puedes darle a un botón para que te suelte chorros y te limpie el culo. Una vez tuve que darle a reiniciar al wáter, porque se había apagado.

 

  1. Los palillos extra largos para cocinar

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    ¿Que los palillos normales no son prácticos para freír algo en la sartén o cocinar carne o pescado? Pues ahí están esos peazo palillos que más bien parece que vas a arrancarte a tocar la batería con ellos. Y otra cosa, para batir huevos también usan los palillos.

 

  1. Los baños públicos

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    Cómo molan los baños públicos. Me encantan. Primero pagas tu entrada y luego te vas al vestuario -de hombres o mujeres, porque lo normal es que estén separados. Te despelotas, dejas tus cosas en una taquilla y entras en el baño. Hay una bañera enorme tipo “piscina para niños” en el centro, y duchas a los lados, con su correspondiente asiento y espejito para ducharte sentado. Después te metes en la bañera y te cueces. Lo mejor es cuando después del baño vas a coger el metro y te encuentras ahí a otras mujeres que hace un rato habías visto en bolas en el baño público.

 

  1. Los bares para hombres

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    En Japón hay bares para hombres en los que las camareras no llevan bragas, llamados no-pan kissa. Y el suelo está cubierto por espejos. Muy espabiladitos. También están los hostess bars, donde los hombres pagan una entrada -que puede costar entre unos 35 y 65 euros- por sentarse con chicas. Estas chicas les sirven la bebida, les dan conversación, flirtean y bailan con ellos, y en ocasiones tienen algo más que una simple conversación. Hay un libro muy bueno sobre este tema llamado Illicit Flirtations, para cuya investigación la autora -de origen filipino- trabajó en un hostess bar de chicas filipinas de Tokio durante nueve meses.

 

  1. Las mochilas escolares tipo escudo antibalas

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    Son robustas. Como si estuvieran hechas de un material resistente a un ataque nuclear. Y cuestan un riñón. Me contaron que una podía salirte por 200 euros, pero las que yo vi en un centro comercial costaban más de 400 (en concreto 50.000 yenes).

 

  1. Las borracheras

    En Japón se bebe mucho más de lo que yo me imaginaba, especialmente como una especie de ritual social entre los compañeros de trabajo al salir de la oficina. No es raro pasear por delante de una estación de tren de madrugada y ver a un salary man -hombre asalariado- tirado en un banco con una cogorza catatónica, esperando al primer tren.

 

  1. Los cuartos de baño de las casas

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    Son una delicia. Normalmente el wáter está en una habitación aparte. Cuando vas a ducharte o bañarte, primero te quitas la ropa afuera, en la zona donde están el lavabo y las toallas. Después, abres la puerta corredera de la habitación donde están la ducha y la bañera. Te duchas, y a continuación te metes en la bañera, que si es antigua probablemente sea estrecha pero profunda. Suele ir acompañada de unos botoncitos con los que regular la temperatura del agua y mantenerla constante. Y luego tú ya te quedas ahí media hora a que los dedos se te pongan como pasas. Me encanta.

 

  1. Los festivales religiosos que me recuerdan a las procesiones en España

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    La Semana Santa andaluza y los festivales sintoístas en Japón están ahí ahí en el mismo continuo religioso. En la isla de Ojika, en la prefectura de Nagasaki, vi un festival en el que los hombretones del pueblo cargaban calle abajo con el “santuario portátil” -tal y como ellos me lo describieron a mí- para luego meterlo en una sala. Era una procesión en toda regla, aunque sin gente encapuchada.

 

  1. Las muestras de amor en Japón

    Las parejas en Japón no suelen decirse te quiero muy a menudo. Según varios japoneses a los que he preguntado por este tema, se dicen te quiero una vez al año cuando es su aniversario.

    Yoshimi, con la que conviví dos semanas cerca de Okayama, me dijo que hasta que no comenzó a acoger extranjeros en su casa no sabía cómo se daba un abrazo a un amigo o conocido. Tal cual.

 

  1. Máquinas expendedoras en los restaurantes

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    En algunos restaurantes pides y pagas el plato que quieres en una máquina expendedora a la entrada, y luego entregas el ticket con lo que has elegido a un camarero. De esta manera supongo que se agiliza el proceso, pero también se reduce el contacto humano al mínimo.

    En Internet hay muchísimas listas de cosas que te llamarán la atención en Japón, como ésta de Javier López, en la que comenta algunos otros aspectos de la cultura japonesa que yo no he incluido, como por ejemplo lo educada que es la gente. Si piensas que me he dejado algo que debería añadir, ¡no dudes en escribirme un mensaje!

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7 Comments
  1. Responder

    Hara

    22 octubre, 2016

    Al final, es otro mundo, como ya lo imaginamos. Me encantan estos paises que son tan distintos de nuestra cultura, hay tanto que conocer. A pesar de lo caro que es, ha merecido la pena, no?
    Qué disfrutes lo que te queda de este viaje y espero que nos veamos pronto por Europa!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      24 octubre, 2016

      ¡Hola Hara! La verdad es que sí, sobre todo viendo estos ejemplos un poco sacados de contexto, suena todo a como que estoy en Marte 🙂 Sí, desde luego que merece la pena. Hay maneras de ahorrar dinero también. Pues claro, dentro de poco vuelvo ya a Europa, ¡espero que nos encontremos dentro de poco, un beso!

  2. Responder

    Marian Ruiz

    23 octubre, 2016

    Tengo un sobrino que sueña con Japón desde bien chiquititom hasta el punto de que todo lo que escribe está ambientado en Japón. En cuanto termine la carrera (Psicología, le queda un año) empezará a tomar contacto con la lengua y en cuanto reúna un poco de pasta se irá para allá. Le paso este enlace. Seguro que lo guarda como un preciadísimo tesoro. ¡Qué experiencias más alucinantes, amiga! Un abrazo.

  3. Responder

    En la otra punta del mundo

    24 octubre, 2016

    Ah ¿sí? Pues me parece genial que esté tan motivado y quiera aprender el idioma. Yo creo que se debe vivir muy tranquilo en Japón. ¡Le deseo mucha suerte! ¡Un abrazo!

  4. Responder

    María Jesús

    3 noviembre, 2016

    Hoy he descubierto tu blog. Me ha encantado lo primero que he leído y me he reído un monton con tus ocurrencias en relación a las situaciones que has vivido. Orgullosa estoy de tí. Sigue así querida sobrina. Conoceremos el mundo a través de tus ojos. Felicidades!!!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      3 noviembre, 2016

      ¡Hola tía! Cómo, ¿no habías leído mi blog todavía? Debo ser muy mala con el marketing entonces.. 🙂 Me alegro de que te haya gustado. En las primeras entradas hablo sobre mi experiencia al mudarme a China, que fue bastante problemática porque no nos pagaban en el colegio.. ¡Por si te da curiosidad! ¡Un beso, nos vemos en un par de meses!

      • Responder

        María Jesús

        3 noviembre, 2016

        Voy a leer absolutamente todo. He empezado por los tres meses de Japón. Me encanta lo que cuentas y cómo lo cuentas así que ya tienes una nueva seguidora. Nos vemos pronto, espero. Besos grandes y cuidate mucho.

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