Japón Viajar

La noche que trabajé en un restaurante en Tokio y mis lágrimas por un té

By on 14 octubre, 2016



img_1218

Todo empezó cuando mi tarjeta del banco dejó de funcionar.

Ese problema está conectado con la señora del restaurante de sushi del barrio y con las lágrimas que solté cuando me invitó a un té, también con mis pinitos como camarera en un restaurante de okonomiyaki, y con los días que pasé en el que se convirtió en uno de mis barrios favoritos de Tokio.

Todo eso no me hubiera pasado si mi querida tarjeta no se hubiera rebelado contra todos los cajeros japoneses.

Estaba en Tokio otra vez, y había intentado sacar dinero en varios cajeros, pero ninguno había aceptado mi tarjeta. Quería pasar varios días aquí antes de ir o hacia los Alpes japoneses o hacia el sur, pero tuve que abandonar mis planes. Preocupada, cambié los dólares que me quedaban, y empecé a tramar historias para ahorrar dinero.

“¿No conocerás a alguien que pudiera alojarme una o dos noches?”, preguntaba yo a los empleados del hostal a diestro y siniestro. Finalmente, el manager me dijo que me había conseguido alojamiento y cena gratis para una noche, a cambio de trabajar en un restaurante de okonomiyaki. Dormiría en casa de la dueña, que vive con su hija y el marido de ésta, que -sorpresa- es gallego. Y además, sus padres estaban allí de visita. Perfecto. Surrealista. Yo no tenía ni idea de qué esperar.

img_1229

Desde la izquierda: Tomoko, yo misma y Risa.

Así que aquel viernes noche trabajé en Kosato, cerca de mi hostal, de siete a doce de la noche. Mi trabajo consistió en servir platos y bebidas y en limpiar las mesas. Muy sencillo. Mientras, hablaba un poco con Risa, la hija de la dueña Tomoko, que es una de las japonesas más guapas que he visto nunca.

También pude usar un poco el español con su marido Christopher. Su historia de amor es muy buena. Él nació en Hawaii, y hace varios años decidió volverse para trabajar allí un tiempo. Un día Risa se pasó por la heladería en la que trabajaba él, le gustó y animada por su amiga le dio su contacto. Y ahí empezó todo.

img_1231

Tomoko preparando nuestro okonomiyaki.

Después de cerrar cenamos un okonomiyaki buenísimo y brindamos por nuestro trabajo. Yo, que estaba muerta de sueño, pensaba que nos iríamos ya a la cama pero no, nada de eso. De ahí fuimos directas a un bar diminuto junto con los padres de Christopher, donde los clientes habituales iban ya finos, y acabamos bailando y todo. Quien piense que los japoneses son sosos tiene que conocer a esta familia.

img_1235

Y aquí está Christopher.

Al día siguiente, después de tomar un brunch flipante preparado por Tomoko, me volví al hostal a recoger mis cosas. Mi próxima parada era la casa de la couchsurfer Sakie, donde me quedé tres noches. Una de esas noches ella ni siquiera durmió allí, pero me dio una llave y dejó que me quedara, con total confianza.

Pasé esos días comiendo cosas ya preparadas del supermercado y contando cada yen, intentando no ir a ningún sitio para no gastar dinero en el metro. Finalmente, una de las veces que fui al cajero de nuevo mi tarjeta funcionó, y me sentí como si fuera millonaria.

img_1223

img_1307

img_1248

Ya está, no más problemas. Pero qué curioso, que primero tenga que surgir un inconveniente para poder vivir estas mini aventuras. Si no hubiera sido por el odio que se profesan mi tarjeta y los cajeros en Japón, no habría conocido a la familia de Tomoko, ni habría pasado unos días en el encantador barrio Gakugei-daigaku (las fotos de la izquierda, incluida la de la crepería más pequeña que he visto en mi vida, son de este barrio).

Tampoco creo que me hubiera emocionado tanto con la mujer del restaurante de sushi. Yo solo había ido allí a saludarla a ella y su marido. Ella intentaba decirme algo, pero no había manera de comunicarnos. La mujer me agarró y me llevó de vuelta al hostal, mientras yo pensaba si se habían molestado porque no estaba consumiendo nada en su restaurante. Una vez en la cafetería del hostal, me dijo que me invitaba a lo que quisiera.

Con la ayuda de una camarera me dijo que ella era mi madre japonesa, y me regaló un peluche de Hello Kitty. Me sentí vulnerable y abrumada por su amabilidad, y supongo que por eso lloré. Un poco solo.

Siempre que he viajado me he encontrado con
muestras de amabilidad. Pero no sé qué tiene la amabilidad en Japón que me llama la atención. La gente que me ha ayudado aquí no lo ha hecho con grandes muestras de efusividad ni con una especial simpatía. Unas veces éstas personas sentían curiosidad por mí, otras no.

Lo que está claro es que no me debían nada, pero me ofrecieron mucho.

Tal vez sea, como dijo Risa, porque “para nosotros es muy importante que haya paz”.

TAGS
RELATED POSTS
0 Comments
  1. Responder

    Martin.

    15 octubre, 2016

    Es verdad que el mundo es muy grande pero aveces se hace pequeno nosotros estamos hay cuando nos encontramos con esta chiquilla una Valenciana como si fuese gallega en las ciscutancias que estábamos tan lejos.
    Fue un placer conocerte y esperamos que todo te vaya bien. Un abrazo muy fuerte haber si nos encontramos otra vez.

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      16 octubre, 2016

      Hola Martin! Fue super peculiar lo de conocernos en Tokio, eh? Yo estuve super a gusto con todos vosotros. Mucha suerte para Christopher y Risa y su boda española!

  2. Responder

    Marian Ruiz

    15 octubre, 2016

    La paz que tú traes, Isabel, con tu historia, su desarrollo y su final feliz. Para arrinconar un miedo más y tener un prejuicio de menos. Resulta que es cierto que estás en Shanghái. La conocí en 2006 y me asombraron tantísimas cosas… Un abrazo, y toda la fortuna del mundo para ti, ¡viajerita!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      16 octubre, 2016

      Hola Marian! Estuviste en Shanghai hace diez años?? Qué suerte haber visitado China antes de los juegos olímpicos, porque según me han contado, el país cambió bastante después de aquello. Gracias por tu comentario, un abrazo!

  3. Responder

    Manuel Benedetti

    16 octubre, 2016

    Hermosa historia. Estas son las clase de cosas que no se pueden contar con una foto, ni aparecen en la Lonely Planet.

    Que cosa rara, tanta tecnología, tanta globalización y los cajeros japoneses siguen sin aceptar extranjeros. Casi como por mandato cultural, parece un capricho. A mi me pasó lo mismo durante bastante tiempo, hasta que encontré uno que me quería y desde ese momento siempre fui a sacar ahí.

    Por suerte la frialdad que tienen los cajeros para con uno no la tiene la gente.

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      16 octubre, 2016

      Hola Manu! A ti también te pasó? Vaya preocupación llevaba yo.. Finalmente los mejores cajeros son los del 7/11. Pues sí, fue una historia muy bonita, yo creo que cuanto más tiempo pasas en un sitio más historias de estas te ocurren.. Ahora que me acuerdo, hubo un momento en Tokio en que sí que consiguieron sacarte -bastante- dinero de la tarjeta y también fue una historia tremenda!!

  4. Responder

    Nadianobody

    16 octubre, 2016

    Espero que sigas teniendo experiencias como estas durante tus aventuras en Japón y sigas encontrando gente tan buena como las que has encontrado… besos 😘 desde Galicia!!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      16 octubre, 2016

      Hola! Gracias por tu comentario! Pues sí, espero tener la misma suerte en el resto de mi viaje, ojalá! 🙂

      • Responder

        Celeste Barciela

        17 octubre, 2016

        Soy yo Celeste en el comentario arriba lo que pasa tenía ese alias de wordpress hace unos años…besos❤️

        • Responder

          En la otra punta del mundo

          17 octubre, 2016

          Aaahh, sospechaba algo de eso porque habías puesto “besos desde Galicia”, jeje, un abrazo para toda la familia!

  5. Responder

    María Jesús

    3 noviembre, 2016

    Preciosa experiencia. Aquí procede lo de que no hay mal que por bien no venga. Como ves no paro de leerte. Y tu de viajar. Me encanta. Adelante siempre Isabel.

LEAVE A COMMENT

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a mi blog y recibir los nuevos posts en tu correo.

DESCARGA GRATIS mi guía con los "3 pasos para encontrar tu VOLUNTARIADO ideal"

x

Te regalo mi guía de

3 pasos para encontrar tu voluntariado ideal

  • ​Descubre qué son realmente los voluntariados
  • Encuentra el voluntariado que más se ajusta a ti
  • Viaja por muy poco dinero
x

DESCARGA GRATIS mi guía con los "3 pasos para encontrar tu VOLUNTARIADO ideal"

x

Te regalo mi guía de

3 pasos para encontrar tu voluntariado ideal

  • ​Descubre qué son realmente los voluntariados
  • Encuentra el voluntariado que más se ajusta a ti
  • Viaja por muy poco dinero
x