Viajar Voluntariado

Trabajando gratis en Kioto

By on 1 septiembre, 2016

yo_cocinaAsí es. He pasado dos semanas trabajando gratis en una especie de hostal en Kioto, a través de la página Workaway.

Este hostal es un poco caótico. Para empezar, el dueño es un tacaño. Su negocio consiste en siete habitaciones en diferentes casas a cada cual más fea, con cocina y baño compartido. Además, tiene un restaurante y bar con comida de estilo mediterráneo, abierto desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche.

En esta habitación con seis camas es donde he dormido yo.

En esta habitación con seis camas es donde he dormido yo.

La tacañería del dueño, un israelí que lleva viajando y viviendo en Japón desde hace casi 20 años, se nota para empezar en el hecho de que tiene hasta quince voluntarios haciéndole las labores que normalmente harían a lo mejor ocho empleados. Si a un cliente se le ocurre pedirle un Sprite, el dueño le servirá algo de bebida en un vaso, para acto seguido guardar la lata abierta con lo que quede dentro en la nevera. No sé, para ver si así puede colarle medio Sprite a otro cliente y cobrar dos por uno. Por eso en la nevera tenemos ya como cuatro latas a medias.

El otro día, mandó a su manager y a los cinco voluntarios varones a que fueran con él a Osaka a descargar un camión de planchas de plástico de diez metros, para su otro “negocio”.

cocina_voluntarios

Uno de los voluntarios israelís y la voluntaria portuguesa, en la cocina para los voluntarios

El hombre es simpático, es verdad, pero tiene un morro que se lo pisa. En estos momentos estamos dos americanas, tres israelís súper majos, una portuguesa cuya labor como voluntaria es la prevención de riesgos laborales -esa es su profesión-, un australiano, un chileno, una polaca que sabe japonés, un español y un francés. Y yo. Aparte, están el manager y dos empleados más.

Esta es Ayelén, la argentina que estuvo en el hostal al principio de mi estancia.

Esta es Ayelén, la argentina que estuvo en el hostal al principio de mi estancia.

Cada voluntario hace turnos de tres horas, y a mí me ha tocado normalmente el de la mañana -de 8 a 11-, que consiste en limpiar el restaurante y el baño y hacer desayunos grasientos a los intrépidos turistas a los que se les ocurra poner un pie aquí. Nunca he tenido más de dos mesas en toda la mañana. En la despensa del restaurante he encontrado cacas de rata, y en la zona de los voluntarios he visto y oído una ratita también.

En mi tiempo  libre he hecho algunas excursiones, sobre todo con una pareja de argentinos que ya se fue, y con una americana de 19 años que me apoda “my foreign mom” -osea “Mi madre extranjera. A veces me he sentido algo sola incluso con tanta gente encerrada en el mismo sitio, más que nada después de que los argentinos se fueran y durante varios días durante los cuales mi hija adoptiva se fue a Osaka. Pero esto es parte de un viaje: la soledad, y hay que aprender a vivir con ella y a buscar soluciones cuando nos afecta demasiado.

Mi hija adoptiva intentando abrir algo.

Mi hija adoptiva intentando abrir algo.

Una cosa que me ha mantenido muy entretenida es mi “investigación” de andar por casa sobre los japoneses, las relaciones y el sexo. Es un tema sobre el que me gustaría escribir un post, y para ello he estado haciendo preguntas a los japoneses que he conocido a través de Couchsurfing o en el bar del hostal, como por ejemplo: ¿Cómo de aceptada está la prostitución en Japón? ¿Por qué a los japoneses les gusta comprar bragas usadas? He hecho preguntas incluso más personales, pero de esos otros temas hablaré en ese futuro post.

Uno de los canales de Kioto.

Uno de los canales de Kioto.

Ahora que mi estancia en Kioto se acaba, no siento demasiada pena. La ciudad me ha encantado, pero creo que estoy preparada para mi siguiente Workaway, que será con una familia japonesa que vive en el campo en la prefectura de Okayama, no muy lejos de Kioto. Me dedicaré a ayudar a la familia a hacer un tipo de dulces italianos y a venderlos en un mercado. Con que no me hagan descargar camiones me conformo.

 

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4 Comments
  1. Responder

    Josefa Santolaya

    17 septiembre, 2016

    Me he quedado con la miel en los labios deseando leer mucho mas

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      17 septiembre, 2016

      Hola Josefa! Vaya, me alegro mucho de que quieras leer más! Espero que te sigan interesando los próximos posts! Un saludo!

  2. Responder

    pasaportesindestino

    29 septiembre, 2016

    Qué tremenda experiencia! Muy interesante, saludos!

    • Responder

      En la otra punta del mundo

      29 septiembre, 2016

      Muchas gracias!! Por cierto, muy monos los burros de Santorini de tu blog 🙂 Yo estuve allí hace dos años, con una amiga griega. Me llevó también a una isla más pequeña que me encantó, se llama Folegandros. Un saludo!

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