Educación Qué pienso sobre... Viajar

Jóvenes con espíritu de viejo

By on 2 febrero, 2016

manos_post_isaTengo 30 años, pero creo que conforme pasa el tiempo me siento más como una adolescente, al menos en algunos aspectos. Me hace mucha ilusión sacar adelante proyectos educativos que se me van ocurriendo, como visitar escuelas en países en vías de desarrollo, irme de viaje durante meses y básicamente hacer cosas que deben ser un poco raras a mi edad, sobre todo en época de crisis. Supongo que ahora que hay tan poco trabajo en mi país y que las condiciones laborales son malas, debería aferrarme a lo que tengo en China en lugar de irme por ahí en plan hippie, o al menos eso es lo que otros harían en mi lugar. Esa parece ser la forma de pensar incluso de jóvenes de 17 años.

He aprovechado el año nuevo chino para hacer una visita fugaz a mi familia, y ya que estaba en Valencia decidí pasar un día en mi antiguo colegio. Acudí para ver a algunos de mis profesores, observar clases y también para dar una charla a los alumnos de bachillerato sobre qué hacer al acabar la selectividad. En mi charla utilicé algunas citas de la página web viviralmaximo.net, les dije que la universidad está sobrevalorada, les recomendé que se tomaran un año sabático para viajar y hacer algo de voluntariado -barato, utilizando estas páginas web-, y aconsejé que no hicieran un máster. Les dije que no se obsesionaran con las notas sino que se centraran en aquellas asignaturas que les interesaran más, y que profundizaran en ellas de forma autodidacta. Osea, les dije justo lo contrario de todo lo que les dicen sus familias, profesores y de lo que les cuentan las universidades que van a darles charlas para venderles la moto.

Algunos se quedaron flipando un poco. Cuando terminé, varios acudieron a la jefa de estudios a preguntarle si ahora ya no tenían que estudiar. Un grupo de chicas se me acercó para preguntarme por varias carreras y por lo de las granjas orgánicas, y me dijeron que les había gustado la charla. Yo estaba como un flan mientras hablaba, y encima empezó a caérseme el moquillo cuando iba a la mitad, todo muy natural, pero al menos dije todo lo que quería decir y creo que pillaron mi mensaje: no hagas lo que hacen todos los demás. No tengas tanto miedo. No te limites a aprobar asignaturas. Viaja y lee. Tener un título universitario no es garantía de nada, tienes que ir más allá.

No tuve tiempo prácticamente de hablar con los estudiantes, aparte de que ninguno me hizo preguntas. Pero yo sí les pregunté algo a ellos y a la jefa de estudios. Quería saber qué carreras eran las más populares, si alguno quería estudiar Comunicación Audiovisual o Traducción (lo que yo estudié) y si alguien quería ser profesor. Un chico dijo que quería hacer C.AU. y una chica Traducción. Nadie quería ser profesor, aunque en la sala debía de haber unos cien estudiantes. Al parecer, lo que les interesa más es Medicina, Derecho, las ingenierías, y A.D.E. o Económicas. Carreras como Arquitectura, Bellas Artes, C.AU., Periodismo o Psicología han dejado de interesar en mi colegio, supongo que porque los alumnos piensan que no van a encontrar trabajo con ellas. Me parece una decisión bastante lógica. Casi que demasiado lógica. Parece que los adolescentes se han vuelto prácticos, y esperan estudiar algo que automáticamente vaya a conducirles a un empleo. Un empleo que alguien va a crear para ellos, no uno que ellos mismos vayan a generar con su creatividad e ingenio.

Yo, con trece años más que estos alumnos de bachillerato, me veo más soñadora, rebelde y aventurera que ellos. Puede que sea la seguridad en mí misma que me ha dado el tiempo, el ser independiente de mis padres y también el hecho de tener ahorros, lo que me haya hecho quitar importancia a asuntos prácticos como el tener un trabajo y una vida estable. Pero creo que es un error elegir una carrera universitaria solo porque tenga más salidas laborales. Si es así como piensan estos jóvenes, significa que no se creen capaces de emprender por su cuenta y crear un negocio, por pequeño que sea, o añadir valor a nuestra sociedad por sus propios méritos y con su propio empeño, sino que confían ciegamente en que otras personas vayan a contratarles -si estudian la carrera adecuada, claro.

¿Por qué no hay que estudiar Bellas Artes o Arquitectura, si es lo que te interesa más? ¿Es que a partir de ahora ya nadie va a tener buenas ideas en esos campos? Tal vez lo que haga falta es ilusión, por culpa de la crisis y de los padres preocupados que aconsejan estudiar algo “útil”, pero también tenacidad. Para sacar adelante un proyecto propio no bastan las ideas geniales, sino que también es necesario tener empeño, ser valiente y no dejarse hundir por los fracasos, que seguro que vendrán. Pero otro problema es la edad. A los 17 o 18 años es muy difícil saber lo que quieres hacer con tu vida, y aunque yo hable a estos jóvenes de emprender -a pesar de no saber yo nada de este tema- no creo que ellos tengan muchas ideas para futuros negocios porque no han vivido lo suficiente como para que se les ocurra nada todavía. Bueno, no solo es culpa de la edad ni de la falta de experiencias. También es culpa de la educación. Los profesores ¿animamos a nuestros alumnos a que sean creativos e independientes, y a que investiguen por su cuenta? ¿O les animamos a que estudien y pongan todos sus esfuerzos en sacar buenas notas? ¿Se llevan a cabo proyectos educativos para enseñar a los jóvenes a emprender? ¿Los niños y adolescentes saben hablar en público y trabajar en equipo? ¿Les enseñamos a ser críticos con lo que les rodea, incluyendo su propia educación y su propio centro escolar? Yo personalmente, no. Me paso todo el tiempo corriendo detrás de los objetivos que tenemos que cumplir cada semana, y ninguno suele incluir las destrezas que acabo de enumerar.

Por todos estos motivos, siento que me encontré la semana pasada con cien jóvenes con espíritu de viejo. Con espíritu de futuros funcionarios que solo desean un trabajo seguro y estable. En realidad, estoy segura de que en el interior todos ellos hierven unas energías y unas ganas de explorar el mundo que no van a agotarse por culpa de la crisis ni de la educación limitadora que les ofrecemos. Pero si no enseñamos ya a estos jóvenes que ellos tienen el potencial y la creatividad necesaria para crear su propio empleo y el de mucha otra gente, no sé quién va a dedicarse a innovar y emprender en España.

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