Qué pienso sobre... Ser extranjero Shanghai

Sobre un país que no existe

By on 11 noviembre, 2015

fotoblogEl sábado pasado viví una de las situaciones más surrealistas que he experimentado nunca en China, y lo más gracioso es que no tenía nada que ver ni con los chinos ni con Asia. Tenía que ver con mi país. La semana pasada fue la Barcelona Catalonia Culture Week en Shanghai, y fui a ver a los Castellers de Vilafranca.  Al llegar al lugar en el que se celebraba el evento me vi rodeada de gente con unas pintas muy diferentes a las que estoy acostumbrada, pero a la vez muy reconocibles para mí. Era gente que hablaba catalán, y a la que por lo tanto yo entendía. Eran desconocidos, pero a la vez me resultaban tremendamente familiares, como si fueran mis vecinos o parientes. Era gente de ojos marrones, con barbas, pelo moreno, chicos con un aro en la oreja, chicas sin maquillaje y con pelo rizado. Este golpe de familiaridad absurda en una ciudad tan lejana a mis orígenes me abrumó.

Miré a mi alrededor y fui al bar a por una cerveza. Después de un largo rato los castellers comenzaron a hacer su torre humana. Fue impresionante. En un momento dado vi a un casteller hablando con un chico en catalán. El casteller no estaba seguro de si él le entendía, y tras preguntarle, el otro le respondió con bochorno que no era catalán sino alicantino, pero como si fuera lo mismo, dijo -aunque si tan parecido fuera, hablaría catalán, pensé yo. En realidad, yo también he tenido en otras ocasiones comportamientos parecidos. Alguna vez he sentido una cierta vergüenza que me ha hecho dar explicaciones por no pertenecer o no participar en algo, como este chico. Pero ahora que vivo en China me doy cuenta de lo ridículo que es, porque a quién puede importarle aquí o en el quinto pino si yo hablo catalán, si soy española o si soy valenciana. Yo en China soy, a los ojos de los chinos, una guiri y seguramente americana, que es lo que suelen decirme cuando voy por ahí. Me parece extraño ser de un país en el que la gente se disculpa por no ser de una manera o de otra, y donde los idiomas, la identidad y las ideologías sirven como excusa para atacar a nuestros vecinos -lo cual también sucede en muchísimos otros países, no solo el mío.

Desde hace ya un tiempo estoy teniendo reflexiones sobre los problemas que hay en España y también sobre el independentismo catalán, que me llevan solamente a la confusión. España, o estado español, como sea que te llames. Me vienes todas las semanas a Shanghai, a la otra punta del mundo en forma de casteller, de titular de periódico, de comentario en mi muro de Facebook, de tuit cabreado. Me confundes, porque ya no sé bien qué eres. Si eres un espíritu escondido en el cuerpo de un país, ¡sal, manifiéstate! Te miro entre curiosa, divertida y despistada. Leo las noticias con cara de idiota porque no entiendo nada. Me dan igual tus múltiples banderas e himnos. Me siento tan lejana a todo eso que su simbología empieza a perder cualquier significado. España, creo que solo vives en mi cabeza, más bien lo sé, igual que sé que en la cabeza de todos los españoles hay una versión única e individual de ti. Por lo tanto, si existen tantas versiones tuyas, llego a la conclusión de que no existes. No me da pena. Más bien lo que me entristece es ver las energías que derrocha tanta gente de tantas ideologías, tratando de imponer en los demás la visión que tienen de nuestro estado. Desde aquí tengo muy claro que lo que yo considere que es España no importa tanto. De hecho, acabo de decidir que mi país es mi pueblo, Almodóvar del Pinar, porque para mí contiene los recuerdos más prehistóricos y llenos de amor de mi vida. Lo demás me da bastante igual.

La distancia me ayuda a ver estas cosas con una relatividad que tal vez sea incluso ofensiva, y sé que si viviera en Valencia todavía, no pensaría exactamente igual. De todas formas, nunca vamos a estar de acuerdo. Que muchos catalanes quieren independizarse es evidente. He leído que se avergüenzan de pertenecer a un país como España y que quieren un cambio. Al menos ellos tienen la suerte de saber lo que es España y lo que es su país, porque yo no lo sé. Lo único que tengo claro es que hay que dudar de los que creen tener la razón absoluta, tanto si son de izquierdas, como de derechas, si son independentistas o no.

Si no entendéis mi aparente indiferencia ni mi ignorancia, venid a China un par de años y empezaréis a verlo todo con una distancia de un par de narices. Un día veréis una bandera, un toro y un Rajoy y no sentiréis nada. Pero otro recordaréis el atardecer en vuestro hogar de la infancia y os vendrá una ola de emociones. Eso es lo real para mí. Todo lo que se encuentre más allá de mis emociones más íntimas es relativo, y por lo tanto cuestionable.

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4 Comments
  1. Responder

    is

    11 noviembre, 2015

    Estamos en una especie de esquizofrenia colectiva respecto a lo que es nuestro pais,.He tardado 56 años en sentirme española, a mí también me daba verguenza no hablar catalán, o ser hija de la emigración, es ahora con esta agresión externa, viendo el desprecio con que nos miran los independentistas (si dicen que fuera España, están hablando de las personas porque un país no es un ente abstracto, son personas),, cuando me he dado cuenta de dónde soy y entonces, no se porqué, recuerdo a los judios (aunque no sea estrictamente comparable) que no se sentian judios, eran franceses, alemanes, holandeses…, y se dieron cuenta de que lo eran cuando por el solo hecho de serlo los persiguieron hasta el exterminio. Nunca me gustó el nacionalismo y he tenido que callar muchas veces, se acabó.
    Desde luego como a ti para mi lo más importante son mis recuerdos y nuestro pequeño pueblo es donde están.

  2. Responder

    Sara Viñas (@sarahappywords)

    13 noviembre, 2015

    ¡Hola Isabel!

    Ha sido leer la entrada y me ha venido a la cabeza este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=MmmscT2jUZk

    “Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país; se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado mental, la patria es un invento. ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño?. Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués, una estadística, un número sin cara.

    Uno se siente parte de muy poca gente, tu país son tus amigos y eso sí se extraña, pero se pasa.”

    Ay, son tantas las patrias… un besito!

  3. Responder

    En la otra punta del mundo

    13 noviembre, 2015

    Sííí, al leer el texto ya decía yo que me sonaba!! Me encanta esa peli, por cierto.. Un diálogo súper acertado, y mejor explicado que lo mío seguramente. Gracias por tu comentario y por leer!! Un beso!

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