China

Shinyhousing y las contradicciones en China

By on 4 enero, 2015

El salón de mi antiguo piso, un perfecto ejemplo del estilo Shinyhousing.

Cuando amigos o conocidos me preguntan cómo es vivir en China (seguro que a todos y cada uno de los que vivimos aquí les han hecho la misma pregunta), normalmente no sé muy bien qué decir. Creo que ya me he acostumbrado a vivir en Shanghai y no suelo pararme a pensar que estoy teniendo experiencias diferentes a las de mi familia y amigos. Pero de vez en cuando me pasan cosas que me recuerdan de golpe dónde estoy. Puede ser cuando en el metro ves a una mujer agarrando a su bebé, vestido con unos pantaloncitos con una práctica abertura en el culo, suspendiéndolo por encima de una papelera para que el nene haga sus necesidades. Eso desde luego que me devuelve a la realidad de manera inmediata. Otras situaciones que me hacen recordar que estoy en China son aquellas relacionadas con la  burocracia, la policía y las agencias inmobiliarias.

En Shanghai hay una gran agencia que se llama Shinyhousing, nada más y nada menos. Su acertado e inspirado nombre nos hace soñar con apartamentos relucientes, con puertas que abrimos para que el brillo cegador de estas moradas exclusivas inunde nuestras vidas en la gran ciudad. Pero Shinyhousing no es una gran agencia, y lo único que brilla en sus apartamentos es la grasa de la cocina, si llega. Eso sí, los dueños no son nada tontos, y se han hecho con una gran parte de los pisos de precio relativamente razonable en las zonas más atractivas para los extranjeros, por lo que cuando uno se pone a la tarea de buscar apartamento en páginas web como smartshanghai.com/housing, es imposible no caer en sus redes.

Han montado bien el negocio. Se dedican a decorar pisos en las zonas de Jing’An y Zhongshan Park, especialmente, con muebles de IKEA, de manera que no tienes más que mirar la foto del salón para saber si pertenece al imperio Shinyhousing o no. El sofá marrón en forma de L, el reloj negro con pegatina en la pared, o el mueble-bar con taburetes metálicos y los cuadros de flores tipo Ágata Ruiz de la Prada, son las marcas de la casa. Los alquileres suelen ser asequibles, en torno a los 300 y pico euros al mes por una habitación doble, pero te hacen pagar 60 yuanes mensuales (unos 7 euros) de Internet más 350 (unos 42 euros) al firmar el contrato, para cubrir gastos en caso de que algo se rompa mientras vives en el piso. La cifra de 350 yuanes es desorbitada si tenemos en cuenta por ejemplo, que para pintar una pared estropeada por la humedad, dedicándole una hora y media el pintor me cobró 50 yuanes. Los 60 yuanes al mes de Internet son más bien una cantidad que se han sacado de la manga así como quien no quiere la cosa, ya que eso es lo que pagas tanto si viven seis personas en el domicilio como si viven tres o cuatro. La cuestión es sacarte los cuartos de alguna manera. Y ya la última triquiñuela que emplean es que a cambio de no tener un contrato por un tiempo mínimo, tú eres el responsable de encontrar a un nuevo inquilino antes de dejar el apartamento. De lo contrario no te devuelven la fianza.

En realidad todas estas condiciones son más o menos aceptables. Al fin y al cabo, las inmobiliarias siempre van a intentar hacer negocio con los extranjeros, que somos unos millonetis. Lo que ya clama al cielo es cuando se pasan por el forro tanto la ley como el mínimo respeto por los clientes, y directamente se dedican a timar tanto a los agentes del orden como a nosotros los laowais catetos. Para empezar, tienen la sana costumbre de NO ver los pisos antes de que el inquilino se vaya, y de NO ir a recoger su llave. Por lo tanto cuando vas a ver una habitación nueva, te la encuentras asquerosamente sucia, con una lámpara -de IKEA- rota ahí en medio, y con el armario lleno de objetos inútiles como por ejemplo un esquijama de dinosaurio. Parece que la única condición para recuperar la fianza es encontrar a un gringo que te sustituya; el cuarto puede haber sido destrozado por un tsunami, pero mientras venga otro detrás de ti que pague de nuevo, lo demás no importa.

Y luego para acabar, la guinda del pastel es lo que nos han hecho a mis compañeros y a mí. Todos los extranjeros tienen que registrarse en la policía, tanto si viven aquí como si están de visita. En mi caso, para registrarme necesito presentar en la comisaría una copia del pasaporte, del contrato de alquiler y de las escrituras de la vivienda. (Por cierto, en las comisarías no hacen fotocopias. Si preguntas por qué, te dicen que no tienen fotocopiadora, muy bueno.) Pero en Shinyhousing son tan espabilados que a pesar de que les faltaba un documento importante de nuestras escrituras, nos dieron las de otro piso que hay en mi urbanización, por lo que todos estamos registrados con una dirección errónea. Cuando intenté conseguir los papeles correctos para llevarlos a la policía, en la agencia me dijeron unas cinco veces que no me preocupara, que en la policía no iban a fijarse en que la dirección que pone en mi contrato y la que viene en las escrituras es diferente. Y llevaban toda la razón.

Todo esto viene a responder en parte la pregunta de cómo se vive en China. Vives con la sensación a veces de que tal vez por ser extranjero te están timando, aunque también sabes que timan a sus compatriotas y a la policía. Lo que pasa es que a esta última en el fondo se la suda si cumples la ley o no. Igual que a Shinyhousing solo le preocupa hacer dinero y no le importa ser profesionales ni cómo los inquilinos traten los pisos, en la comisaría solo se interesan por ver que los extranjeros tienen las fotocopias necesarias para seguir alimentando ese chorro constante de papeleo en el que se basan la burocracia y el cumplimiento de la ley. Todo es fachada. Pero por otra parte, cómo vas a exigir a los empleados que sean profesionales y rigurosos cuando les pagan una miseria, no les forman de manera adecuada y les hacen trabajar sin descanso. Cuando hay una infinidad de normas ridículas que no se pueden cuestionar, son así y punto. En mi colegio si un niño se cae y se rompe algo, descuentan 200 yuanes del sueldo a su maestro chino, como si este fuera responsable de cada paso que dan sus alumnos -sin embargo no hacen lo mismo con su profesor occidental. China es un país con una gran libertad económica y a la vez una gran obsesión por controlar a la gente, la cual no tiene derecho a preguntar por qué las cosas son como son. La chica de Shinyhousing me dice “Don’t worry, don’t worry”, acostumbrada como está a obedecer órdenes sin pensar, o quizás sabiendo que son absurdas y que simplemente hay que seguir el juego a los que mandan. En la comisaría te sueltan que no tienen fotocopiadora. En el restaurante te dicen que te han atendido fatal porque es que había mucha gente. A veces te encuentras a chinos que te explican la realidad de una manera tan simple, con excusas incluso infantiles, que da reparo quejarse por miedo a romper esa especie de espejismo en el que viven. Total, no vas a conseguir nada. Así que yo también tengo que hacerme la tonta o la lista, según se mire, y seguir la corriente a los chinos con los que me cruzo en mi día a día, sintiendo en realidad un poco de lástima por lo que se ven obligados a hacer y las cosas en las que tienen que creer.

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0 Comments
  1. Responder

    Karen

    5 enero, 2015

    el esquijama de dinosaurio me parece de lo más útil!!!

    • Responder

      Incertidumbre Automática

      5 enero, 2015

      jajajaja, Kareeen! Si lo hubiera sabido te lo hubiera regalado encantada, aún debe de estar en mi antiguo piso!

  2. Responder

    Marta Mariño Cisa (@Miss_Jerusalem)

    12 enero, 2015

    Ay, esos sofás cochambrosos, esas cocinas con un dedazo de grasa y esos baños que no han conocido la lejía… Yo estuve buscando piso hace un par de meses en Shanghai y ya vi el percal con las agencias, cómo se aprovechan, 3000 yuanes por una habitación, en un piso sin salón o con salón sin ventana, con paredes de pladur para sacar más habitaciones, y 5 personas compartiendo un baño. Vergonzoso. Se deben estar haciendo de oro.

    Al final pasé de agencias y estoy compartiendo un apartamentito con una china.

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