China Shanghai

La hormiguita se pasea por los rascacielos

By on 20 septiembre, 2013

El miércoles por la noche era Ladie´s Night en el “Abrebotellas”, ese rascacielos en el Bund, al otro lado del río. Llegamos en taxi y, una vez en la entrada, miramos hacia arriba para intentar avistar el hueco cuadrado de la parte superior, pero era imposible. Contemplar la noche desde lo alto de uno de estos edificios da un cierto vértigo, y es como asomarse a una maqueta infinita de estilo kitsch y demasiadas luces. Al moverse por la ciudad en taxi, de noche, uno siente que está paseando por el tablero de “Hotel”, aquel juego de mesa de hace años. Mientras el taxista te lleva por una carretera elevada y tú no tienes ni idea de dónde estás, ves edificios de superficies relucientes por todas partes, con luces de neón en las esquinas, en las terrazas, letras iluminadas, colores, todo organizado de manera aparentemente arbitraria.

Una vez dentro del “Abrebotellas”, casi me atraganté con el lujo y el pijerío que se respiraba allí. Vigilantes trajeados, chicas super arregladas con vestiditos negros, pasillos y pasillos con iluminación tenue y paredes cubiertas de telas de tonos grises: todo esto me decía que cada vez estaba más y más lejos de los cubos de quintos a tres euros. Cogimos el ascensor hasta el piso 91, donde había un restaurante en el que se pagaba mucho por comer poco, y de ahí fuimos a un ascensor diferente para subir al piso 92, donde se celebra la “Noche de las chicas” todos los miércoles de 20:30 a 22:30, un invento que sirve para que las mujeres se pongan vestido y tacones para beber champán gratis, rodeadas de más mujeres que hacen lo mismo. Lo curioso fue que después de mi shock inicial, y de tener la osadía de sentarnos en una mesa junto al ventanal pensando que era gratis, cuando en realidad algo tan simple como posar nuestros traseros en una silla costaba 250 euros, empecé a pasármelo bien. Que era un sitio pijo era innegable, pero la música era bailable y de vez en cuando ponían canciones tipo pachangueo como el Ai se eu te pego, totalmente desconocidas para mis compañeras de trabajo inglesas e irlandesas, que hacían que me sintiera como una -falsa- experta en bailes latinos (cuando la cruda realidad es que no tengo ni idea de bailar). Tener la oportunidad de ver a hombres chinos moviendo las extremidades de manera totalmente descoordinada, también ayudó a que pasara un buen rato.

Y bueno, así fue pasando la noche, y así fue como la hormiguita salió de su barrio de más hormiguitas, y edificios, tiendas, bares de fritangas y andamios de bambú -sí, bambú, un material totalmente válido para montar un andamio-, para pasear por otros barrios que brillan más y están más limpios, pero que en realidad no me acogen como los bares donde llevar vaqueros es lo normal, y la única bebida con burbujas es la cerveza.

Vista desde el "Abrebotellas", con el característico estilo borroso de mi cámara de pésima calidad

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